domingo, 4 de septiembre de 2011

Cabra montés en Los Ancares

Han sido varios los años que he visitado las poblaciones de Cabra montés introducidas hace más de 15 años en la zona de los Ancares leoneses. La cabra montesa habitó la cordillera cantábrica hasta el siglo pasado, pero fue una de las pocas especies singulares que se extinguió en nuestra cordillera, junto al lince a mediados de siglo XX o el quebrantahuesos, por mencionar los casos más recientes. Los restos paleontológicos de esta especie en la cordillera son abundantes en simas y pozos, siendo un cráneo de cabra montesa completamente cubierto por restos de calcificación de las estalactitas el más conocido en Alto Sil.
Sin embargo en ciertos puntos de la Cordillera como los Ancares o la montaña de Riaño ha sido introducida la subespecie Capra pyrenaica victoriae correspondiente con poblaciones naturales en la sierra de Gredos, Cáceres o las Batuecas.
La zona en la que han sido introducidas las especies se corresponde con un circo glaciar a una altitud superior a los 1500 msnm con abundantes cortados para que se refugien los ejemplares y alimento. En la misma zona también ha sido introducido el rebeco cantábrico con fines cinegéticos.

Cabrito de cabra montés (Capra pyrenaica victoriae) en Ancares.

En esta época las cabras montesas forman rebaños de hembras con crías y algún macho joven por un lado y machos adultos y algunos otros jóvenes por otro lado. Los grandes machos sólo se acercan a las hembras en la época reproductora que suele coincidir con el principio del invierno. El grupo de hembras con crías pastaba tranquilamente en una ladera cargada de arandaneras a la sombra de los cortados formados por la erosión glaciar hace miles de años.

Hembra adulta de cabra montés (Capra pyrenaica victoriae)

La verdad es que son unos animales bastante confiados para lo que está uno acostumbrado y dejan acercarse sin demasiados problemas, marcando siempre el límite con un agudo silbido y una patada al suelo que indica donde tienes que pararte y dejar que sigan llevando a cabo su vida ante nuestros ojos sin apenas inmutarse.

Retrato de cabra montés



Imágenes de cabras montesas alimentándose y acicalándose en montes ancareses

Eran 4 las subespecies de Capra pyrenaica que habitaban nuestra península hace relativamente poco. La subespecie nominada, Capra pyrenaica pyrenaica, conocida como Bucardo que habitaba los pirineos y cuyo último ejemplar murió al caerle un árbol partido por un rayo en el año 2000. Capra pyrenaica lusitanica habitaba la frontera entre Galicia y Portugal y se extinguió a finales del siglo XIX. Capra pyrenaica hispanica habita sierras de la vertiente mediterránea con gran población en Sierra Nevada. Por último está la subespecie victoriae que es en la que nos centramos. Pinchando aquí podéis ver las diferencias entre las subespecies.
Las cabras fueron saliendo poco a poco de la zona sombría hacia la zona soleada donde dejaron de alimentarse principalmente de hierba y pasaron a alimentarse de las hojas de los abedules que crecen por la zona. Las cabras domésticas ejercían parcialmente, al aparecer en números abundantes en los montes de la cordillera como consecuencia del pastoreo, un papel de saneamiento en muchas ocasiones alimentándose por ejemplo de la hiedra que hoy en día cubre muchos árboles llegando a secarlos. Sin embargo también se alimentan de brotes juveniles de árboles y arbustos impidiendo su proliferación.

Macho joven y 2 hembras de cabra montés

Hembra de cabra montés

Cabra montés alimentándose de las hojas de un abedul.(Como siempre pinchad en la imagen para ampliarla)

Dimos un recorrido por la zona para ver si teníamos suerte con el grupo de machos y dimos con ellos en una cresta donde el viento suavizaba los efectos del calor de media mañana. Como bien sabréis podemos calcular la edad de los machos mirando los anillos o nudos de sus cuernos ya que siempre los conservan sobre su cabeza. Al contrario que las cuernas (ciervos, corzos...) que son caedizas y crecen cada año por completo. Las diferencia entre cuernos y cuernas se aprende pronto en la carrera de Biología. Además los cuernos los presentan los machos y las hembras mientras que las cuernas sólo las presentan los machos (excepto en los renos que también las presentan las hembras). Los cuernos son córneos (restos cuticulares endurecidos sobre un molde interno de hueso) mientras que las cuernas son óseas.


Machos de cabra montés descansando en una cresta.

Para que os hagáis una idea del ambiente y la altitud en la que se desenvuelven estos animales en Ancares, una familia de acentores alpinos se alimentaba de pequeños ortópteros de montaña entre unas rocas cerca del rebaño de los machos.

Juvenil de acentor alpino (Prunella collaris)

Tras la observación de las correrías de los acentores y el disfrute de las espectaculares siluetas de los machos bajo cielo leonés, estos se dirigieron a un cortado sombrío para tumbarse y esperar a que pasase las horas de mayor calor del día. Cuando estos animales se desplazan sus cuernos chocan generando sonidos secos que retumban en los valles, imagino entonces el calibre de dichos sonidos en las peleas invernales de estos animales. Pudimos disfrutar de juegos de jóvenes cabras emulando a los adultos en dichas peleas pero supongo que no son comparables a la embestidas de los adultos desde una posición vertical.
Es cuando los machos están tumbados y más separados cuando puedes individualizar a los individuos, observando sus características y pudiendo diferenciarlos de los demás ya que aunque a primera vista los animales parezcan todos iguales, la genética hace que cada uno sea diferente a los demás y en ocasiones nosotros podemos apreciarlo, igual que el pastor acaba conociendo a cada una de las ovejas de su rebaño. Primero los ejemplares jóvenes.

Macho joven rascándose. Las cabras utilizan los cuernos para rascarse la parte trasera de su cuerpo adoptando la posición que se observa en la fotografía, es un acto que realizan muy a menudo.

Joven descansando.

Macho joven tumbado entre arandaneras.

Machos jóvenes jugando sobre una parte del rebaño.

Ahora os muestro los machos más maduros del rebaño, cada uno en su atalaya observando pacientes el valle y al resto del rebaño bajo sus patas.





Imágenes de machos de cabra montés descansando a la sombra.

La verdad es que impresione observar los movimientos de estos machos entre las peñas y sobre los cortados de estas montañas. Fijándonos bien apreciamos la desarrollada musculatura del cuello de los machos y las callosidades oseas que presentan en la parte frontal de la cabeza para amortiguar los fuertes topetazos en la época de celo.
Finalizo la entrada con una imagen de las cabras con las montañas de la cordillera de fondo como una especie de viaje en el tiempo a la época en la que estos animales poblaban los peñascales de alta montaña sin la intervención del ser humano. Un saludo y espero que os haya gustado la entrada.

domingo, 21 de agosto de 2011

Esto no me lo esperaba...

Cierto es que nada es predecible en la vida del biólogo, naturalista o mero aficionado al campo. Cada salida al campo depara cosas diferentes a las anteriores ocasiones, bien sea momentos observados, bien sea una luz especial, un entorno llamativo, algo que convierte a esas situaciones en únicas e irrepetibles. Sin embargo en otras ocasiones la sorpresa nos la llevamos cuando nos encontramos con especies que están alejadas de su área normal de distribución y que para nada esperamos localizar en nuestra zona de campeo. Voy a dedicar esta entrada a unas cuantas sorpresas que me he llevado en estos años de campeo en cuanto a especies "raras" en la Cordillera Cantábrica.

Comenzaré por el encuentro más reciente que se produjo en la primavera de este 2011 cuando pude observar en varias ocasiones a un ejemplar juvenil de Buitre Negro (Aegypius monachus) tanto en vuelo como posado en las montañas de nuestra cordillera.

Vuelo de juvenil de buitre negro (Aegypius monachus) en el concejo asturiano de Somiedo.

No es del todo difícil encontrarse con ejemplares jóvenes del ave de mayor envergadura de Europa, en zonas alejadas de sus regiones de cría. Son ejemplares en dispersión que moviéndose de forma nomádica se desvían más de lo normal de lugares como Madrid o Extremadura donde se reproducen. La dispersión juvenil es un proceso elaborado por muchas especies animales en el cual se lleva a cabo un desplazamiento exploratorio de los individuos previo a su edad reproductora (el buitre negro alcanza dicha edad a los 4 años). Es un proceso importante y necesario en la dinámica poblacional ya que falcilita la variación genética de las poblaciones al intercambiar individuos entre zonas típicas de reproducción. A medida que avanza la edad de los ejemplares, los movimientos de dispersión disminuyen y se establecen en torno a zonas de reproducción de la especie. La tendencia de la especie es la filopatria, es decir, tienden a reproducirse cerca de donde nacieron, hecho que dificulta la expansión de estas especies.

Como podéis ver fijándose en el color de su cabeza, el buitre negro es un juvenil ya que presenta abundancia de plumas negras en la misma. A medida que envejecen los buitres negros van perdiendo plumas de la cabeza y esta adquiere un tono azulado.
El primer encuentro con este buitre (ya que suponemos que en los 3 avistamientos localizamos al mismo ejemplar) se produjo el 7 de Mayo y el ave sobrevolaba la localidad de Villaseca de Laciana junto a 5 buitres leonados.

Buitre negro (Aegypius monachus) sobre Villaseca de Laciana.

El segundo día localizamos al animal posado en un prado húmedo por el rocío el día 18 de Mayo cerca de La Peral, en Somiedo. Caminaba prado arriba y abajo hasta que finalmente levantó en vuelo momento en que se tomó la fotografía que encabeza esta entrada. Se encontraba solo en esta ocasión.

Buitre negro (Aegypius monachus) posado en un prado florido a finales de Mayo.

El último encuentro con el animal fue el viernes 17 de Junio en la frontera entre Asturias y León, cerca del Puerto de Somiedo. El animal se encontraba cerca del cadáver de un toro al que sacrificaron sus dueños en el monte al haber partido una pata. En esta ocasión aparecía acompañado de una buena cantidad de buitres leonados que también habían aprovechado la ocasión para llenar los buches de alimento.

Buitre negro (Aegypius monachus) junto a la caliza cantábrica (Pinchad en las imágener para verlas a mayor tamaño).

He estado fuera un tiempo y no se dónde estará este buitre ahora pero esperemos que le haya ido bien y que dentro de unos años saque adelante a unos pollos donde quiera que crie.

Si seguimos viajando atrás en el tiempo llegamos al 22 de Mayo del 2009, y es que parece que Mayo es un buen mes para llevarse sorpresas. En este caso nos la dio un individuo adulto de Carraca Europea (Coracias garrulus) el cual se alimentaba de las moscas y escarabajos necrófagos que a su vez se alimentaban de un ratonero muerto bajo un tendido eléctrico cerca de la localidad omañesa de Soto y Amio. Un pájaro con el que todos esperamos toparnos algún día por lo llamativo de sus colores tanto posada como en vuelo. Sin embargo no esperaba encontrarme con ella tan cerca de casa.
Es bastante habitual que individuos juveniles de Carraca se desplacen al norte coincidiendo con la época de cosecha en la que se juntan a bandos de cernícalos para alimentarse de insectos tras el trabajo de las cosechadoras, sin embargo un ejemplar adulto y en época en la que debería estar alimentando a su prole no es tan común.

Carraca Europea (Coracias garrulus) en Omaña.

Aunque estas citas no sean relevantes desde el punto de vista de la ecología de un lugar, ya que la presencia de un individuo de una especie en una zona suele considerarse accidental y no afecta de forma importante a la estabilidad de la región, si que sirve para despertar la curiosidad y preguntarse porqué ese bicho está ahi o porqué en este momento del año. La curiosidad debería ser el motor de todo científico.

Por último llegamos al 10 de Julio de 2008, día en el cual pude observar un juvenil de críalo europeo (Clamator glandarius) cerca de San Emiliano, a escasos 5 km en linea recta del imponente macizo de Ubiña, un lugar al que no solemos asociar la imagen de un críalo. En este caso igual que en el caso del buitre también se trataba de un juvenil en dispersión ya que esta especie también presenta un factor de dispersión bastante elevado. El críalo es una especie parásita, normalmente de córvidos, sobre todo urracas al contrario que el cuco que prefiere parasitar a pequeñas especies de paseriformes. Colocan en el nido de la especie a la que parasitan uno o varios huevos de pigmentación idéntica a la original y de esta forma la hembra incuba los huevos sin preocuparse del nuevo. Para ello se cree que uno de los componentes de la pareja distrae a las urracas mientras que la hembra deposita los huevos en el nido. Es cuando nace el críalo cuando empieza la verdadera competición ya que si el críalo nace antes empuja los demás huevos fuera del nido en el caso de que le sea posible y si convive con los pollos tenderá a expulsarlos también del nido. También los adultos vigilan sus huevos en el nido a pesar de ser acosados continuamente por las urracas para que abandonen la zona. De esta forma los críalos adultos pueden generar daños en los huevos de la urraca para que esta deseche esos huevos y seleccione los más integros entre los que se encuentra el del críalo.

Críalo europeo (Clamator glandarius) cerca de San Emiliano.

Quizá el área de cría del críalo sea más cercana a esta zona que las de las otras especies mencionadas ya que es una especie que cría en la mitad sur de la provincia de León, sin embargo ha sido la única ocasión en la que he observado un críalo en la cordillera. Espero que os haya gustado la entrada. Un saludo.

jueves, 4 de agosto de 2011

De vuelta: Gatos monteses y otras cosas

Hola a todos. Viene siendo costumbre disculparme al inicio de cada entrada por la tardanza en actualizar. La verdad es que entre los exámenes y los 28 días que me llevó recorrer los 790 km que separan Roncesvalles de Santiago de Compostela, no he tenido mucho tiempo para el blog. No obstante si he buscado algún hueco para salir al campo y tengo bastante material acumulado que espero ir subiendo poco a poco en este Agosto que se presenta mas relajado. El problema de ello es que uno no sabe muy bien por donde empezar pero me he decantado por mostrar algunas especies de la cordillera integradas en el verdor intenso de la primavera cantábrica.

Comenzaré con esa especie que tanto me apasiona, como sabréis los que leeis este blog con asiduidad. Se trata del gato montés (Felis silvestris). No está siendo un buen año de observaciones de la especie para mi ya que son solamente 3 en lo que llevamos de año (son pocas en comparación con las contadas hace un par de años), sin embargo han sido observaciones de gran valor por producirse en zonas en las que nunca había visto a uno de estos sigilosos animales. Hablar de gato montés es hablar, por lo general, de bosques y prados. De ahí el valor de estas observaciones, que se produjeron en zonas en las que no existen prácticamente masas forestales, la vecina comarca de Babia.
Gato montés (Felis silvestris) en ambiente de matorral

El ejemplar de la fotografía puede ser un individuo juvenil o bien una hembra ya que los rasgos suavizados y el tamaño de la cabeza así parecen indicarlo. Moraba en busca de algo que llevarse a la boca en una zona pedregosa con algún matorral disperso. La cola erizada en actitud de concentración en el afán de encontrar alimento. El morado de las flores de las Ericaceas y la ligera luz que todavía se filtraba entre las nubes hace que esta imagen sea una de las que más me gusta de las que he conseguido hasta ahora de la especie.

Gato montés (Felis silvestris)

En este caso este otro gato montés permanecía sentado en el límite entre las hierbas altas y la zona pacida por el ganado, siendo en la segunda, más sencillo para el gato, el desarrollo de las técnicas de caza de micromamíferos. También se trata de un ejemplar juvenil posiblemente. La verdad es que siempre es una alegría encontrarte con individuos de una especie por la que tienes especial interés, en zonas diferentes a las habituales. Es una sensación parecida a la de encontrarte con un amigo en un otro país sin haberlo planeado.
Ahora que han segado los prados supongo que aumentará el número de avistamientos de la especie que llevo en este 2011 además de tener la posibilidad de poder seguir aprendiendo cosas sobre los monteses mediante la observación directa en su medio natural.

La primavera es sin duda, la estación con la que me quedaría para fotografiar la naturaleza. El verde que lo envuelve todo, el gran número de especies animales que despiertan del letargo invernal (tanto vertebradas como invertebradas), la variedad de plantas que lucen sus mejores galas, las temperaturas suaves que motivan a las especies animales a parmanecer más activas durante todo el día, etc.
Claro síntoma de la llegada de la primavera en la Cordillera es la aparición de las flores de los narcisos (o "Gritsándanas" en patsuezo) que llenan los prados húmedos de los valles y brañas de un color amarillo.



Narcisos (Narcissus pseudonarcissus) o gritsándanas

Curiosa debe ser la vista de estos prados desde las alturas, una vista con la que se encuentran todas las aves migratorias que vuelven en primavera a la península para criar, completar su ciclo vital y regresar al sur en Septiembre. Una de las especies más llamativas es el alimoche (Neophron percnopterus). Otros años las observaciones de esta especie solían producirse en zonas abiertas de la alta montaña, sin embargo han sido muchas veces las que he observado alimoches este año sobrevolando bosques y en fondos de valle. Esta especie lleva a cabo un viaje épico cruzando el desierto del Sáhara y el estrecho año tras año para reproducirse y de vuelta para pasar el invierno. Puede verse de forma muy gráfica aquí

Alimoche (Neophron percnopterus) sobrevolando una ladera forestal

Otra de las rapaces que realiza un viaje a la península desde Africa para criar es el aguilucho cenizo (Circus pygargus) cuya silueta de alas largas y sus vuelos que recuerdan a una cometa pueden verse en nuestros campos desde el inicio de la primavera. Seguramente todos habéis observado en más de una ocasión las técnicas de caza de esta especie consistentes en planear sobre prados o matorrales con los ojos clavados en el suelo sin batir practicamente las alas y dando un quiebro brusco para caer directos al suelo al percatarse de la presencia de una presa en potencia.


Macho de aguilucho cenizo (Circus pygargus) desarrollando técnicas de caza típicas de la especie (Pinchad en la imagen para ampliarla)

La primavera es una época en la que los campos se innundan de sonidos que han estado ocultos por las nieves invernales y que parece que aumentan su volumen a medida que los días se alargan y aumentan las temperaturas. Uno de los cantos más escuchados en los campos ibéricos es el de la perdiz roja (Alectoris rufa). Los machos escogen un punto elevado desde el cual emiten su canto para atyraer a las hembras y poder reproducirse.

Macho de perdiz roja (Alectoris rufa) cantando

Muchas especies de anfibios que permanecen en letargo durante el frío invierno reciben ansiosas la primavera para completar su ciclo reproductor y dar lugar a una nueva generación de individuos que ha de sobrevivir a los peligros de la naturaleza. Los anfibios normalmente siguen la estrategia de la R, es decir, ponen muchos huevos que originan gran cantidad de juveniles con una tasa de mortalidad elevada, de los cuales sobrevive un pequeño porcentaje. Una de las formas mas comunes de cortejar a las hembras en el mundo de los anuros es mediante el canto, las ranas hinchan sacos en la zona ventral o bien lateral produciendo sonidos característicos que llamarán la atención de las hembras y a su vez dejarán claro su estatus a otros machos competidores.

Rana común (Pelophylax perezi) con sacos bucales en las comisuras de la boca

Ranita de San Antonio (Hyla arborea) con saco bucal en la zona ventral

Más sigilosos son los urodelos, pero también desarrollan sus pautas de apareamiento en los días lluviosos de primavera.

Salamandra común (Salamandra salamandra)

Unas de las zonas donde más explosiva es la primavera es en la alta montaña, donde todo se acelera ya que el tiempo en la que la nieve deja la tierra al descubierto es mucho menor que en los fondos de valle y por ello todo ha de funcionar a una velocidad mayor. Los rebecos alumbran a sus crías en la primavera a la vez que dejan atras sus lanas invernales para dar paso a un pelaje más fino y rojizo.

Rebeco (Rupicapra pyrenaica parva) cambiando el pelo.

A medida que ganamos altitud aparecen especies como el gorrión alpino, el cual cría principalmente por encima de los 1900 msnm y se alimenta de los artrópodos que viven en las praderas alpinas y subalpinas, en este caso, del entorno de Ubiña. En mi opinión es una de las aves más bonitas de la cordillera cantábrica con las placas alares blancas en vuelo contrastadas con el negro del dorso. No tenía una foto decente de este animal y todavía puede mejorarse, pero teniendo en cuenta la zona en la que está fotografiado tiene bastante valor para mi. Esta especie es más fácil de localizar y fotografiar en ciertas zonas de Picos de Europa y del Pirineo, sin embargo son pocas las fotografías que he visto de esta especie en la zona occidental de la Cordillera Cantábrica.

Gorrión alpino (Passer montanus) fotografiado en el occidente de la cordillera.

Para rematar la entrada os dejo una de las imágenes que más me gusta de esta primavera, una cierva en un prado florido con un ligero contraluz que deja ver los insectos revoloteando alrededor del cérvido. Espero que os haya gustado la entrada y me comprometo a actualizar más a menudo (al menos hasta que ponga esto al día). Un abrazo y gracias por visitar el blog.

Hembra de ciervo (Cervus elaphus) en un prado primaveral

domingo, 3 de abril de 2011

Pechiazul en la cordillera cantábrica

Por fin es primavera en la cordillera cantábrica. Una época que los naturalistas de esta región ibérica esperamos impacientemente durante todo el año. Los montes bullen vida y verdor en todos sus rincones. Regresan viajeros que nos abandonaron durante el invierno y que escogen estas montañas para reproducirse y cumplir el ciclo vital. Uno de esos viajeros es el pechiazul (Lucinia svecica) habitante de piornales y escobales de la alta montaña cantábrica.
Existen muchas incógnitas no totalmente resueltas con esta especie. En invierno tenemos pechiazules en la península Ibérica pero son procedentes del norte de Europa y escogen zonas costeras, riberas y humedales para pasar el invierno. Sin embargo los pechiazules que tenemos en verano no se sabe muy bien donde se meten durante los duros inviernos cantábricos. Se piensa que toman rumbo a África como otras muchas especies pero no está completamente estudiado.

Pechiazul (Lucinia svecica) cantando en la cordillera cantábrica

Otra de los misterios de este pájaro es conocer realmente cual es el número de subespecies de la misma. Las más conocidas son los de medalla blanca (Luscinia svecica cyanecula) y el de medalla (Luscinia svecica svecica). Algunos investigadores de la Universidad de Salamanca se han dado cuenta de que la mayoría de pechiazules del sistema central y la cordillera cantábrica no presentan ningún tipo de medalla describiendo la subespecie Luscinia svecica azurcollis. Para esta subespecie se ha llevado acabo un estudio con el descubrimiento de que el pechiazul domina más de 50 cantos diferentes y que lleva a cabo un proceso de "aprendizaje" e imitación de cantos.

Pechiazul(Lucinia svecica) cantábrico

Me ha resultado complicado encontrar un territorio de canto y cría de este pequeño y colorido pájaro en la zona occidental de la cordillera cantábrica a caballo entre León y Asturias. Me comentaba hace poco un amigo que el pechiazul es un ave bastante descarada en las zonas donde existe densidad elevada de este animal ya que se coloca en puntos muy visibles para marcar su territorio. Sin embargo en la cordillera cantábrica a pesar de estar presente no es tan abundante como en otras zonas y pasa más desapercibido. Se desenvuelve entre las ramas de los piornos y las escobas como si se tratase de un pequeño ratón, a poca distancia del suelo emitiendo una especie de chasquidos. Sin embargo de vez en cuando escoge un punto elevado para desplegar el colorido azul y naranja de su pecho y las plumas naranjas laterales de su cola, además del amarillo intenso del interior de su pico. La verdad es que da gusto perderse en el hábitat de este pájaro mientras acentores, tarabillas, escribanos cerillos y demás paseriformes del matorral de alta montaña despliegan sus encantos al comienzo de la primavera.

Pechiazul actuando de forma más discreta

Uno de los patrones de comportamiento más visuales y espectaculares del pechiazul es su vuelo pausado con la cola abierta al máximo y cayendo lentamente sobre uno de sus posaderos mientras canta estrepitosamente. Es curioso como parece que lo tienes controlado y de repente lo ves descender cual paracaidista de la nada en un sitio completamente distinto al que esperabas.
He vuelto varias veces por la zona después de descubrir a este pechizul y sigue por allí cantando con su cola erguida en el pico de los piornos. Esperemos que críe en la zona y poder ver a los volantones a mediados de mayo. Sin embargo como comentaba más arriba no es una especie que haya observado muchas veces en la zona por la que suelo moverme. Las primeras observaciones que tuve de este animal fueron reflejadas en una de las primeras entradas en este blog. El año pasado vi un pechiazul en la zona donde lo he controlado este año, fue el motivo por el cual decidí investigar el lugar este 2011.

Lucinia svecica

Comentaba también hace poco con un amigo que sus observaciones de la especie sucedía casi exclusivamente durante nevadas tardías, en las cuales estos animales bajan de las zonas altas y se alimentan en pequeñas calvas que deja la nevada. También mi primo Dani observó a un pechiazul en la nieve en las mismas condiciones el pasado fin de semana tras una ligera nevada.
Espero poder escribir una entrada sobre la confirmación de la reproducción de este animal en un par de meses asique deseemosle suerte al llamativo pechiazul. Espero que os haya gustado la entrada. Un saludo y gracias por visitar el blog.

domingo, 20 de marzo de 2011

El tejón: persiguiendo a un fantasma

Todos los naturalistas tenemos especies de esas que nos quitan el sueño, de las que hemos imaginado avistamientos de muchas formas, de las que hemos escuchado testimonios y hemos pensado: "¡Qué suerte tienen algunos!". Son especies normalmente huidizas, tímidas, que sólo se mueven al amparo de la noche y que aparecen como siluetas iluminadas por la luna llena o como dos luceros brillantes frente a las luces largas del coche. Recuerdo un artículo que leí hace bastante tiempo en la revista "Natura" titulado: Las fotos imposibles de Antonio Vázquez. En el mismo salían fotografías de un tejón en la nieve, un oso pardo en libertad y demás ejemplos que resultan muy dificiles de fotografiar en esas condiciones.
También he leído en varios foros de fotografía normalmente en pies de fotos de fotografías realizadas en condiciones controladas: Una fotografía imposible de realizar en condiciones silvestres. Y es que la palabra imposible implica mucho y la gente que nos movemos frecuentemente por el campo lo sabemos. Puede ser muy difícil, fruto de la casualidad, de esas cosas que pasan practicamente una vez en la vida, pero imposibles hay pocas cosas si nos armamos de paciencia y sobre todo insistencia ya que el secreto es ser perseverante.
Bueno después de este rollo filosófico que os he soltado, decir que esa especie "fetiche" para mi era el tejón. El "melandru" que lo llamamos por aquí, nombre que recibe derivado del gusto de este animal por la miel. Un animal de los más nocturnos que existen en la Iberia silvestre y que gusta de alimentarse durante la noche de huevos, carne, insectos, lombrices, bayas...mientras pasa el día al amparo de rocas y varios centímetros de tierra refugiado en su tejonera.
Normalmente podemos saber de la presencia de estos animales en nuestra zona por rastros. El tejón pese a ser un animal medianamente difícil de observar, es relativamente abundante y no es difícil encontrarse con huellas, hozaduras semejantes a las de jabalíes pero de un tamaño menor, letrinas e incluso tejoneras.
Las huellas del tejón son semejantes a las de un osete pequeño. Marcando 5 dedos como buen mustélido, con la pata anterior mas corta y la posterior con forma de "pie". También marca bien las uñas.

Rastro de tejón en la nieve

La tejonera normalmente tiene varias entradas y salidas y suele ubicarse en una zona con rocas abundantes alrededor y bajo las cuales son excavadas las cámaras de la guarida. Puede confundirse con huras de otros animales como las del zorro. Sin embargo las tejoneras siempre presentan un surco en la entrada. No obstante he conocido casos de zorreras en las que criaron los zorros durante varios años y que posteriormente fueron ocupadas por tejones realizando las modificaciones oportunas.

Entrada de tejonera en invierno

Muchas veces me topé con rastros del tasugo en el campo pero no había forma de verlo. Llegué a conocer 3 tejoneras y fueron múltiples las esperas en la hora azul observando la boca de la misma pero siempre con resultados frustrantes. Pero como comentaba más arriba el secreto en la insistencia y 30 días de manos vacías se ven compensados con creces con unos minutos de observación. Una observación que pasará a formar parte de la serie de anécdotas que comentas siempre entre bicheros.
A principios y mediadios del siglo XX por todos es sabido que había que buscarse algo que llevarse a la boca ya que las condiciones no eran las mismas que son ahora y la carne del tejón era muy apreciada, al igual que su piel que era vendida por los tramperos y que se utilizaba para la elaboración de brochas de afeitar.
También es conocida por todos la fama de bravura del tejón. Su complexión chaparreta y ancha le da aspecto de robustez y le confieren una tracción especial al terreno que ayuda a plantar cara a otros animales como zorros, perros, etc...
Uno de los lugares de más fácil observación del tejón y donde se producen la mayoría de las mismas es en carreteras durante la noche. Lamentablemente bastantes ejemplares mueren atropellados y lo peor de todo es que en la mayoría de los casos podría haberse evitado.
Mi primera observación de la especie fue hace un par de semanas en un paseo nocturno con el coche. Los faros del coche iluminaron una silueta alargada y blanquecina cruzando la carretera. 2 franjas negras adornaban la cara del robusto animal que entró a un prado bajo los varales de la rodera del mismo para continuar a un ligero trote sobre los 10 cm de nieve que cubrían el terreno. Por fin había visto a un tejón en libertad. El reto ahora era conseguir una fotografía. Algo que se tacharía de imposible en los lugares antes mencionados si no fuese mediante técnicas de alta velocidad con barrera de infrarrojos, fototrampeo y demás. Fue mi primera opción y monté todo el tinglado una noche con cero resultados.
Sin embargo la perseverancia al final te da sorpresas cuando menos lo esperas. El pasado domingo el día era nublado y lluvioso, las condiciones perfectas para fotografiar cursos de agua en el interior del bosque asique fui a un hayedo al que le tenía ganas desde hacía tiempo y tras 40 minutos de caminata llegué al lugar deseado. Protegiendo el equipo realicé alguna fotografía bajo un orvallo continuo. Adjunto alguna foto para dar más vidilla a la historia.

Hayedo

Decido que es la hora de volver a casa y que está todo el bacalao cortado. Cuando asomo en una pequeña vaguada a eso de las 16:15 de la tarde y veo un bulto claro en un prado. Instantaneamente lo identifico como un tejón. Se acelera el pulso, se enreda todo de golpe con las prisas y finalmente saco la cámara, la tarjeta esta cerca del límite de fotos asique borro alguna foto antigua para ir holgado en cuando a capacidad. Lanzo alguna fotografía testimonial a larga distancia y el animal ni se inmuta. Seguía lloviendo y el tejón no levantaba la cabeza, tenía el hocico enterrado hasta la altura de los ojos y removía tapines y tierra continuamente alimentándose de morucas (lombrices). Movía el cuerpo en círculos alrededor de la cabeza que se encontraba fija en torno a los agujeros que realizaba como si de una peonza se tratase. La lluvia empapaba el terreno y las lombrices se acercaban a la superficie, ocasión que el tejón aprovechó para salir a pesar de la luminosidad y pegarse un atracón de anélidos.

Tejón alimentándose de lombrices

Decido comenzar el acercamiento, no hay cosas imposibles pero oportunidades así son escasas. El terreno es perfecto para realizar la entrada al bicho y poco a poco me acerco hasta tenerlo a unos 20 metros, puedo escuchar la respiración del melandro, del animal por el que llegué a rozar la obsesión y la situación era mucho mejor de lo que jamás había imaginado. Seguía afanado alimentándose entre la verde hierba del prado cuando de golpe levantó la cabeza y dirigió su enorme nariz hacia mi. Son animales completamente olfativos y que tienen la vista bastante atrofiada.

Tejón (Meles meles)(pinchar en la imagen para ampliar)

Posteriormente giró su cabeza y siguió caminando por la linde del prado mientras olfateaba el terreno para finalmente perderse entre una maraña de zarzas y ramas caídas. Había llegado el momento soñado durante los últimos años. Cuando sucede algo así se te empañan los ojos y no sabes muy bien qué hacer, supongo que es lo que les pasa a las quinceañeras cuando ven a sus ídolos o a los cristianos devotos cuando ven al Papa.

Tejón (Meles meles)

Ahora nuevos animales hurgan en los recovecos de mi cabeza: el lirón gris, el escurridizo desmán... iconos de la cantábrica más salvaje y profunda que tengo la fortuna de contemplar y respirar asomándome a la ventana.
En esta afición como en la vida en general hay muy pocas cosas imposibles a pesar de que se nos muestre continuamente de una forma u otra y nos intenten llevar por caminos que obviamente son los más fáciles, pero no los más satisfactorios en la mayoría de casos. El hecho de no hacer caso a gente que te dice: No estudies eso, no tiene salida; fotografiar ese animal es imposible; etc... son frases que se escuchan muy a menudo y si les hubiera hecho caso mi vida sería bastante diferente a lo que es ahora mismo. Ya tendremos tiempo de pensar en cosas imposibles cuando las arrugas crucen nuestra frente y nos aferremos a un bastón, pero aún no ha llegado ese momento. La naturaleza es cruel a veces pero muy agradecida otras y hay que aprovechar cada uno de esos momentos. Un saludo y espero que os haya gustado la entrada. Gracias por visitar el blog.