Le berrea de este año está dando los últimos coletazos y ha vuelto a ser bastante atípica como viene sucediendo los últimos años. Una acentuada sequía, supongo que influye en el comportamiento de los machos derivado de un irregular estado de celo en las hembras. Sin embargo, a pesar de ello, ha dado bastantes frutos en lo que a observaciones y fotografías se refiere.
Recuerdo la berrea del ciervo como una de mis primeras experiencias en el campo, ya que con unos 6 años nos metíamos el madrugón y la caminata a un lugar adecuado donde amanecer y donde casi siempre disfrutábamos de la berrea en soledad, ya que en aquel momento nadie se interesaba por dicho espectáculo natural. El ritual se repetía año tras año y a medida que he ido creciendo cada vez ha sido más complicado encontrar un lugar apartado donde se pueda sentir el escalofrío en el cuerpo al escuchar un macho de ciervo lanzando sus lamentos que retumban en los valles y montañas cantábricas. El interés por dicho acontecimiento ha ido creciendo con el paso de los años y los lugares que de pequeño nadie visitaba ahora son zonas con importante afluencia de público en tiempo de berrea. Hay que adentrarse en lo más agreste y recóndito de la cordillera, utilizando senderos abiertos por el ganado y muchas veces ni tan siquiera eso, para disfrutar del acontecimiento que marca el inicio del otoño.
Ciervo (Cervus elaphus) con 16 puntas berrando en un "fleital" en la Cordillera Cantábrica.
A mediados de Septiembre y acompañados por las primeras lluvias de finales de verano (hecho cada vez más infrecuente), los machos de ciervo comienzan a berrar con la intención de reproducirse. Los primeros días son berridas aisladas en el interior del hayedo o bien en los brezales cantábrico al amanecer y al atardecer. Sin embargo, a medida que pasan los días las hembras entran en estado de estro (celo) y es entonces cuando comienza la verdadera lucha por la reproducción y por perpetuar los genes. Los machos detectan el estado de estro de las hembras mediante la percepción de las feromonas emitidas por las mismas. Para ello presentan un órgano en la parte vomeronasal (paladar) denominado órgano de Jacobson, el cual detecta las feromonas y envía la información al cerebro. Para dirigir las feromonas, que no dejan de ser sustancias químicas, a dicho órgano los ciervos levantan el labio superior e inspiran. Dicha acción se denomina signo de Flehmen y comunmente se conoce como "hacer el feo".
Ciervo mostrando el signo de Flehmen.
Los machos van formando un harén de hembras con las que tienen intención de reproducirse, normalmente dicho harén también está ligado a una determinada zona o territorio. Otros machos también forman sus respectivos harenes, siempre en caso de que las hembras hayan dado el visto bueno. Berran continuamente para dejar claro a quien pertenecen dichas hembras y de vez en cuando intentan copular con alguna de ellas.
Macho de 16 puntas berrando en un "fleital" otoñado de la cordillera.
Sin embargo las hembras a veces se descarrían o aparecen hembras que no están aún en ningún harén, es entonces cuando los machos pueden acercarse. Primero intentarán devolver la hembra con las demás atajando el camino del otro macho. En caso de que uno domine claramente sobre el otro la cosa se queda ahí. Sin embargo cuando la balanza está equilibrada los machos comienzan a caminar pareados emitiendo berridas y haciendo muestra de su fuerza agitando la cabeza contra brezos y helechos y sacando despedidas muchas veces ramas de los mismos. Si ninguno de los dos se da por vencido entonces comenzará la pelea entre ellos enganchando sus cuernas de frente hasta que uno de los dos salga vencedor.
En esta imagen se cuentan bien las 16 puntas del macho.
El vencedor entonces vuelve con sus hembras y en ocasiones con hembras del perdedor ya que este suele alejarse emitiendo alguna berrida pero de forma constante. No obstante, esto no implica que sea el vencedor el único que se reproduzca con las hembras. Las peleas entre machos hacen que estos pierdan de vista a las hembras bastante tiempo, momento que jóvenes ciervos que no tendrían ninguna posibilidad cara a cara con un gran macho aprovechan para salir del piornal o el hayedo y reproducirse con alguna hembra de forma veloz (los ciervos cubren a las hembras en pocos segundos con una especie de brinco) para regresar al hayedo de nuevo. Este ejemplo deja claro que la frase "la supervivencia del más fuerte" no siempre es correcta y lo adecuado sería decir "la supervivencia del más apto", entendiendo por apto aquel individuo capaz de dejar descendencia.
El 16 puntas berrando de nuevo.
Al contrario de lo que mucha gente piensa el número de puntas no va relacionado con la edad del ciervo, al menos no completamente. Es cierto que un joven de un año tiene solamente una vara pero un ciervo de 7 años no tiene porque tener 14 puntas. El número de puntas en un ciervo va en función de la alimentación, la genética, el estado de sus testículos ya que en muchas ocasiones daños en los mismos pueden provocar deformidades en las cuernas, y por supuesto el estado de salud. Los machos de ciervo tienen un punto en sus vidas en los cuales están en plenitud, a partir de dicho momento comienzan a decaer y pierden cualidades.
Ciervo con 14 puntas en un "fleital" cantábrico.
La berrea es una época de gran desgaste para los machos ya que solamente emplean su tiempo en la defensa de las hembras, peleas con otros machos y reproducción. Por ello apenas se alimentan y no se aprecia ni un gramo de grasa en sus cuerpos, al contrario que a finales de verano donde los ciervos lucen panzas lustrosas de cara a afrontar semejante gasto energético. Además de dicho desgaste también hay que tener en cuenta la presión de caza sobre estos animales en esta época y la forma en que veo que se lleva a cabo últimamente. Todos estamos de acuerdo en que no pasa nada porque se cacen ciervos, es más, viendo la presión que tiene el lobo en la cordillera cantábrica es necesario. Otro gallo cantaría si se dejase que los lobos jugasen su papel. Sin embargo, es cada vez más frecuente que me tope con cuerpos decapitados de venados en tiempo de berrea. La caza solamente por un trofeo nunca la entenderé, si quieres tener el ciervo en el salón sácale una foto y la imprimes a buen tamaño, de esa forma podrás volver a la zona y disfrutar del animal en más ocasiones. La cuestión es que pegar un tiro a 200m no es tan difícil como hacer una foto a 30m.
Macho de 12 puntas berrando en una tarde húmeda en la cordillera cantábrica.
Todos los que salgáis al campo en estas montañas sabréis que a pesar de lo comunes que son los ciervos son animales que tienen difícil acercamiento ya que siempre están alerta y su olfato desarrollado sumado a unas grandes orejas parabólicas hacen que cualquier movimiento u olor alcance sus sentidos. Entonces quedan mirando en la dirección de la que provienen dichas señales y al mínimo indicio huyen. Sin embargo en época de berrea los machos bajan un poco más la guardia de lo normal y si están alejados de las hembras el acercamiento puede ser exitoso, ya que las hembras siguen pendientes de todo. Siempre he escuchado que la berrea es una época en la que la mayor confianza de los ciervos hace que sea buen momento para que los jóvenes lobos empiecen a tomar contacto con las técnicas de caza que aprenderán del resto de la manada, ya curtida en cacerías.
Macho de 14 puntas atento al extraño bulto que emite chasquidos de obturador.
Como comentaba al principio de la entrada, la berrea es más irregular que cuando observaba la misma siendo más pequeño. Los machos berran intensamente algunos días, mientras que otros no emiten ningún tipo de sonido. De forma tradicional se dice que la lluvia es la culpable de que los machos berren más, sin embargo este año algún día en los que el día anterior había llovido bastante, el silencio se apoderaba de los bosques cantábricos. Además he escuchado a ciervos berrar en épocas bastante atípicas como mediados de Julio o bien en invierno en el sur de la península. Además no se ven los grandes harenes que se veían hace unos años y ahora los machos suelen ir acompañados de un par de hembras o 3 como mucho.
Ciervo de 14 puntas berrando al atardecer.
Está demostrado científicamente que el ciervo puede causar un desequilibrio importante en los ecosistemas, siempre que este aparezca en abundancia, como todo, ya que los ecosistemas han de presentar un equilibrio natural. Puede causar impacto sobre las poblaciones de urogallo y corzo al competir por el alimento. No quiero que esta frase se interprete mal, ya que puede parecer que defiendo que se cacen los ciervos, para nada. Lo único que pretendo con ella es dejar muy claro la necesidad del lobo en la cordillera cantábrica. Un superpredador que mantenga a ralla a las poblaciones de estos animales de una forma natural y aprovechando totalmente los cadáveres para alimentar a la manada. La solución a la expansión del ciervo no debería ser ofertar un mayor número de batidas, debería ser la supresión de las cacerías de lobo.
Ciervo de 12 puntas berrando al atardecer.
La técnica utilizada para la realización de las fotografías es la de observar a distancia una buena zona donde se vea acción a la hora de berrar, pelearse y demás. Es esencial que tenga hayedo o bosque cerca ya que la intención es esperar escondido de frente al lindero y los machos van saliendo del hayedo a fanfarronear, momento en el que podremos tomar las fotografías. Personalmente, será porque es lo que he mamado desde pequeño, me gustan más las fotografías de ciervos realizadas en la cordillera cantábrica con animales en total libertad, que las de algunas zonas del centro y sur de la península en fincas privadas y zonas adehesadas sobre un suelo agostado, sin desmerecer para nada el mérito de las mismas.
Macho de 16 puntas saliendo del hayedo.
Espero que os haya gustado la entrada y a los que vivís la berrea en estas montañas os haya transmitido un poco de lo que yo llevo sintiendo muchos años. He tenido el blog abandonado muuucho tiempo y es por ello que espero poder coger la rutina de nuevo con él. Sé que siempre lo digo y nunca lo hago pero bueno. Un saludo y gracias por visitar el blog.
sábado, 13 de octubre de 2012
jueves, 17 de mayo de 2012
Aguiluchos cenizos
Si observando zonas abiertas de la montaña o de los llanos véis una rapaz de grandes alas que planea como si fuese una cometa con sus ojos clavados continuamente en el suelo en busca de alimento, seguramente estéis viendo un aguilucho. Si además presenta una tonalidad grisacea (en caso de que sea macho) o bien parda (en caso de ser hembra) ya habéis cerrado un poco el círculo y seguramente sea un aguilucho cenizo (Cyrcus pygargus) o bien pálido (Cyrcus cyaneus). Es entonces cuando hay que fijarse en los detalles, que bien podrían formar parte de una clave dicotómica, para diferenciar a estas especies. En el caso de que sea un macho nos fijaremos si presenta una franja negra en la parte dorsal de las alas, si la presenta es un aguilucho cenizo. Además su pecho presenta barras de colores marrón claro y gris alternas sobre un fondo claro. El pálido tiene el dorso uniforme al igual que el pecho, que es gris liso. En el caso de que sea una hembra o un juvenil nos fijaremos en el número de primarias que son bien visibles. En el caso de que veamos 5 (como si fuesen los 5 dedos de una mano) será un aguilucho pálido. En el caso de que sólo veamos 4 estaremos ante un aguilucho cenizo. También podemos ver en nuestras latitudes muy raramente algún aguilucho papialbo (Cyrcus macrourus) pero no es demasiado habitual que crucen la Cordillera asique los dejo al margen.
Hembra de aguilucho cenizo (Cyrcus pygargus) con las características mencionadas antes. 4 primarias marcadas.
Macho de aguilucho cenizo (Cyrcus pygargus) donde podemos ver los caracteres típicos de la especie (4 primarias, franja dorsal oscura y pecho con alguna mancha marrón)
Cuando pensamos en este animal solemos asociar su silueta a los campos de cultivo y a vastos llanos donde estas aves aprovechan para criar en el suelo entre los cereales, hecho peligroso para las mismas ya que durante la cosecha sus nidos corren serio peligro. Sin embargo, yo me he familiarizado con verlos a menudo en algunos prados y laderas de brezo de la Cordillera Cantábrica, alcanzando incluso los 1900 msnm. El hecho de vivir en un lugar como León donde tenemos en la región sur amplias zonas de cultivo y en el norte escarpadas montañas hace que podamos observar al mismo animal desarrollando su ciclo vital en entornos muy diferentes y sin embargo con éxito en ambos lugares.
Hembra de aguilucho cenizo buscando alimento en un prado de la Cordillera Cantábrica.
La capacidad de vuelo de estas aves es extraordinaria ya que presentan una agilidad envidiable. Los que hayáis tenido ocasión de observar la parada nupcial de estos aguiluchos sabréis de lo que hablo ya que el macho le pasa presas a la hembra en vuelo con unas cabriolas dignas solamente de una rapaz tan estilizada como esta. Pueden volar con el viento de cara mientras sus ojos analizan cualquier resquicio del sustrato esperando encontrarse grandes ortópteros como grillos o saltamontes, o algún roedor, elementos base de su alimentación.
Hembra de aguilucho cenizo barriendo el terreno. En esta imagen se aprecia lo estilizado de esta rapaz.
Intentando fotografiar vuelos de estos aguiluchos hay que armarse de paciencia ya que el enfoque se vuelve loco cuando el animal vuela con un fondo terrestre, sin embargo es toda una satisfacción cuando una de las tomas queda aceptable. Observándolos, barren la superficie herbácea por completo con la eficacia de una segadora. Vuelan sobre una linea de terreno, entonces se dejan llevar para comenzar por la linea paralela a la anterior, así sucesivamente hasta que completan todo el área. Al finalizar su jornada de caza buscan un lugar seguro donde pasar la noche, en los brezales de la Cordillera o en los rastrojos de los llanos.
Machos de aguilucho cenizo preparados para pasar la noche en el páramo leonés.
Vuelvo ahora a la descripición que encabeza esta entrada sobre el aguilucho cenizo. Y es que en la naturaleza no existen los Dogmas y es muy complicado que algo sea 100% predecible. Es por ello que no todos los aguiluchos cenizos se ajustan a todos los caracteres descritos anteriormente. Esta especie presenta muy frecuentemente melanismo, es decir, un exceso de melanina en su plumaje, lo que lo torna oscuro (marron oscuro y negro). Sin embargo no por ello deja de ser un aguilucho cenizo. La verdad es que en la zona de la Cordillera donde veo mayor cantidad de aguiluchos cenizos observo el mismo número de machos melánicos que de coloración normal. Pasa lo mismo en la zona del sur de León que suelo visitar.
Aguilucho cenizo melánico posado en el páramo leonés.
La entrada ha sido más breve de lo normal, no obstante espero que os haya gustado. Un saludo.
Hembra de aguilucho cenizo (Cyrcus pygargus) con las características mencionadas antes. 4 primarias marcadas.
Macho de aguilucho cenizo (Cyrcus pygargus) donde podemos ver los caracteres típicos de la especie (4 primarias, franja dorsal oscura y pecho con alguna mancha marrón)
Cuando pensamos en este animal solemos asociar su silueta a los campos de cultivo y a vastos llanos donde estas aves aprovechan para criar en el suelo entre los cereales, hecho peligroso para las mismas ya que durante la cosecha sus nidos corren serio peligro. Sin embargo, yo me he familiarizado con verlos a menudo en algunos prados y laderas de brezo de la Cordillera Cantábrica, alcanzando incluso los 1900 msnm. El hecho de vivir en un lugar como León donde tenemos en la región sur amplias zonas de cultivo y en el norte escarpadas montañas hace que podamos observar al mismo animal desarrollando su ciclo vital en entornos muy diferentes y sin embargo con éxito en ambos lugares.
Hembra de aguilucho cenizo buscando alimento en un prado de la Cordillera Cantábrica.
La capacidad de vuelo de estas aves es extraordinaria ya que presentan una agilidad envidiable. Los que hayáis tenido ocasión de observar la parada nupcial de estos aguiluchos sabréis de lo que hablo ya que el macho le pasa presas a la hembra en vuelo con unas cabriolas dignas solamente de una rapaz tan estilizada como esta. Pueden volar con el viento de cara mientras sus ojos analizan cualquier resquicio del sustrato esperando encontrarse grandes ortópteros como grillos o saltamontes, o algún roedor, elementos base de su alimentación.
Hembra de aguilucho cenizo barriendo el terreno. En esta imagen se aprecia lo estilizado de esta rapaz.
Intentando fotografiar vuelos de estos aguiluchos hay que armarse de paciencia ya que el enfoque se vuelve loco cuando el animal vuela con un fondo terrestre, sin embargo es toda una satisfacción cuando una de las tomas queda aceptable. Observándolos, barren la superficie herbácea por completo con la eficacia de una segadora. Vuelan sobre una linea de terreno, entonces se dejan llevar para comenzar por la linea paralela a la anterior, así sucesivamente hasta que completan todo el área. Al finalizar su jornada de caza buscan un lugar seguro donde pasar la noche, en los brezales de la Cordillera o en los rastrojos de los llanos.
Machos de aguilucho cenizo preparados para pasar la noche en el páramo leonés.
Vuelvo ahora a la descripición que encabeza esta entrada sobre el aguilucho cenizo. Y es que en la naturaleza no existen los Dogmas y es muy complicado que algo sea 100% predecible. Es por ello que no todos los aguiluchos cenizos se ajustan a todos los caracteres descritos anteriormente. Esta especie presenta muy frecuentemente melanismo, es decir, un exceso de melanina en su plumaje, lo que lo torna oscuro (marron oscuro y negro). Sin embargo no por ello deja de ser un aguilucho cenizo. La verdad es que en la zona de la Cordillera donde veo mayor cantidad de aguiluchos cenizos observo el mismo número de machos melánicos que de coloración normal. Pasa lo mismo en la zona del sur de León que suelo visitar.
Aguilucho cenizo melánico posado en el páramo leonés.
La entrada ha sido más breve de lo normal, no obstante espero que os haya gustado. Un saludo.
martes, 8 de mayo de 2012
Primavera invernal: Treparriscos y otros.
Esta primavera ha venido más invernal de lo normal y eso hace que podamos observar escenas poco usuales para la época en la que estamos, ya que podemos ver a ciertas especies sobre un manto blanco, cuando normalmente acostumbramos a observarlas entre las herbáceas floridas de los prados cantábricos. Los pasados temporales que cubrieron de nieve las montañas cantábricas el pasado Abril, coincidieron con una de las épocas más importantes de migración de aves en la región Paleártica y es que las especies que invernaron en estas latitudes toman rumbo norte hacia sus colonias de cría, mientras que las que nos abandonaron durante el invierno buscando el calor del sur, vuelven a las montañas de la cordillera a reproducirse. Es por tanto un momento de encuentros entre unos que llegan y otros que se van y este año fueron especiales por las nevadas que servían como telón de fondo a dichas situaciones.
Las collalbas grises recién llegadas de África se encontraron con unas temperaturas más bajas de las esperadas y el hecho de que la nieve cubriese los prados y laderas de alimentación que suele utilizar esta especie, hizo que se aproximasen a zonas donde la nieve no cuaja. Un ejemplo de ello son las carreteras que al conservar el calor, facilitan la fusión de la nieve y también las pequeñas presas de agua que circulan en torno a las mismas donde aparte de no haber nieve, hay invertebrados que sirven a estas aves como fuente de proteínas. El día en que realicé la fotografía conté 12 ejemplares en 200 m de carretera para dar una idea del uso de estas zonas en los temporales.
Collalba gris (Oenanthe oenanthe) aguantando el temporal.
Otros que llegan a la Cordillera Cantábrica son los pechiazules (Luscinia svecica), pero estos no pasaron el invierno en África, sino que lo hicieron normalmente en zonas costeras y humedales de la península donde es más fácil el sustento alimenticio en la época invernal. Vuelven a las montañas luciendo su plumaje nupcial, mucho más llamativo que el de invierno y buscando zonas de alta montaña donde reproducirse y alimentar a su prole. Sin embargo la nieve hace que, al igual que las collalbas, busquen zonas sin nieve donde comer y aguantar el temporal.
Pechiazul (Luscinia svecica)
Es fácil ver cigúeñas sobre los prados nevados en la cordillera ya que estas regresan a las zonas de cría de la misma cada vez antes y es normal ver cigüeñas en Enero y Febrero, época en la que todavía nieva con fuerza normalmente en estas montañas. Aunque estas aves utilicen las zonas encharcadas durante todo el año para alimentarse de lombrices y anfibios, bajo la nieve es aún más fácil verlas en estas zonas ya que lo demás aparece completamente ocupado por la gruesa capa de nieve.
Cigúeña blanca (Ciconia ciconia)
Me sorprendió en esos días de temporal la cantidad de alondras (Alauda arvensis) que pude observar. Son aves que en la cordillera suelen distribuirse en laderas despejadas a bastante altitud aunque también ocupan zonas de cultivos no tan altas como por ejemplo en la comarca de Babia. Sin embargo, tras el temporal, bandos de incluso 10 ejemplares correteaban por los lugares donde asomaba la hierba. La nieve da mucho juego fotográficamente hablando ya que especies que pueden parecer comunes, hacen especial una fotografía por el mero hecho de haber nieve.
Alondra común (Alauda arvensis)
Ya que hemos hablado un poco de los que llegan, es el turno ahora de los que nos abandonan en primavera. Un ejemplo es el esmerejón. Esta rapaz de pequeño tamaño no es abundante como invernante en la cordillera, sin embargo puede verse en los pasos bien hacia el sur cuando se dirige a los llanos castellanos donde pasará el invierno o bien hacia el norte cuando regresa a sus zonas de reproducción al norte de Europa. En mi última observación de un esmerejón, este aguantaba la nevada estoicamente perchado sobre un árbol en la linde de un prado cantábrico. A pesar del tamaño de la imagen se puede apreciar que este macho ya ha mudado gran parte de su plumaje, presentando parte de la nuca de un tono rojizo y el dorso totalmente plomizo.
Esmerejón (Falco columbarius) bajo la nieve en el mes de Abril.
Otro de los animales que también se desplaza como consecuencia de las nieves y los temporales es el treparriscos (Tichodroma muraria) ya que realiza migraciones altitudinales en invierno llegando incluso a pasar el invierno en acantilados costeros del cantábrico o bien en las paredes de las casas de ciertos pueblos. Este último temporal hizo que algunos treparriscos apareciesen a cotas algo más bajas de las esperadas para la época en la que estamos. Concretamente fueron dos ejemplares de los que disfruté en una profunda garganta de estas montañas. El ave que recuerda a una mariposa, con largas uñas para aferrarse a los farallones calizos y pico largo para encontrar a los invertebrados que le sirven de sustento entre las grietas rocosas, ajitaba sus alas rojizas mientras se desplazaba de forma vertical por el paredón.
Treparriscos (Trichodroma muraria)
Observaba a el ejemplar de la fotografía cuando otro individuo entró en escena provocando una confrontación alada junto a la roca viva. Caminaban verticalmente por la vertical rocosa para de golpe dejarse caer cerca del punto de inicio de su transecto y volver a ascender. Así continuamente indagando en todas las esquinas en busca de alimento. Podían cambiar de una cara a otra de la garganta dejando ver sus alas ligeramente redondeadas y adornadas por motas blancas. A cierta distancia es complicado apreciar el tono rojizo de las mismas a simple vista y sólo destacan las manchas claras sobre un fondo más oscuro.
Treparriscos (Trichodroma muraria), en esta fotografía se aprecian las largas uñas.
Treparriscos (Tichodroma muraria)
Imágenes de treparriscos con las alas extendidas. A medida que ascienden realizan una especie de ligera sacudida de las alas.
En esta imagen se pueden ver los 2 ejemplares de treparriscos observados uno en cada esquina de la imagen.
Parece que el tiempo mejorará a partir del miércoles asique esperemos que todo vaya volviendo a ser algo más acorde a la época en la que estamos y ya de paso nos deje campear un poco sin calarnos hasta la médula. Espero que os guste la entrada y un saludo.
Las collalbas grises recién llegadas de África se encontraron con unas temperaturas más bajas de las esperadas y el hecho de que la nieve cubriese los prados y laderas de alimentación que suele utilizar esta especie, hizo que se aproximasen a zonas donde la nieve no cuaja. Un ejemplo de ello son las carreteras que al conservar el calor, facilitan la fusión de la nieve y también las pequeñas presas de agua que circulan en torno a las mismas donde aparte de no haber nieve, hay invertebrados que sirven a estas aves como fuente de proteínas. El día en que realicé la fotografía conté 12 ejemplares en 200 m de carretera para dar una idea del uso de estas zonas en los temporales.
Collalba gris (Oenanthe oenanthe) aguantando el temporal.
Otros que llegan a la Cordillera Cantábrica son los pechiazules (Luscinia svecica), pero estos no pasaron el invierno en África, sino que lo hicieron normalmente en zonas costeras y humedales de la península donde es más fácil el sustento alimenticio en la época invernal. Vuelven a las montañas luciendo su plumaje nupcial, mucho más llamativo que el de invierno y buscando zonas de alta montaña donde reproducirse y alimentar a su prole. Sin embargo la nieve hace que, al igual que las collalbas, busquen zonas sin nieve donde comer y aguantar el temporal.
Pechiazul (Luscinia svecica)
Es fácil ver cigúeñas sobre los prados nevados en la cordillera ya que estas regresan a las zonas de cría de la misma cada vez antes y es normal ver cigüeñas en Enero y Febrero, época en la que todavía nieva con fuerza normalmente en estas montañas. Aunque estas aves utilicen las zonas encharcadas durante todo el año para alimentarse de lombrices y anfibios, bajo la nieve es aún más fácil verlas en estas zonas ya que lo demás aparece completamente ocupado por la gruesa capa de nieve.
Cigúeña blanca (Ciconia ciconia)
Me sorprendió en esos días de temporal la cantidad de alondras (Alauda arvensis) que pude observar. Son aves que en la cordillera suelen distribuirse en laderas despejadas a bastante altitud aunque también ocupan zonas de cultivos no tan altas como por ejemplo en la comarca de Babia. Sin embargo, tras el temporal, bandos de incluso 10 ejemplares correteaban por los lugares donde asomaba la hierba. La nieve da mucho juego fotográficamente hablando ya que especies que pueden parecer comunes, hacen especial una fotografía por el mero hecho de haber nieve.
Alondra común (Alauda arvensis)
Ya que hemos hablado un poco de los que llegan, es el turno ahora de los que nos abandonan en primavera. Un ejemplo es el esmerejón. Esta rapaz de pequeño tamaño no es abundante como invernante en la cordillera, sin embargo puede verse en los pasos bien hacia el sur cuando se dirige a los llanos castellanos donde pasará el invierno o bien hacia el norte cuando regresa a sus zonas de reproducción al norte de Europa. En mi última observación de un esmerejón, este aguantaba la nevada estoicamente perchado sobre un árbol en la linde de un prado cantábrico. A pesar del tamaño de la imagen se puede apreciar que este macho ya ha mudado gran parte de su plumaje, presentando parte de la nuca de un tono rojizo y el dorso totalmente plomizo.
Esmerejón (Falco columbarius) bajo la nieve en el mes de Abril.
Otro de los animales que también se desplaza como consecuencia de las nieves y los temporales es el treparriscos (Tichodroma muraria) ya que realiza migraciones altitudinales en invierno llegando incluso a pasar el invierno en acantilados costeros del cantábrico o bien en las paredes de las casas de ciertos pueblos. Este último temporal hizo que algunos treparriscos apareciesen a cotas algo más bajas de las esperadas para la época en la que estamos. Concretamente fueron dos ejemplares de los que disfruté en una profunda garganta de estas montañas. El ave que recuerda a una mariposa, con largas uñas para aferrarse a los farallones calizos y pico largo para encontrar a los invertebrados que le sirven de sustento entre las grietas rocosas, ajitaba sus alas rojizas mientras se desplazaba de forma vertical por el paredón.
Treparriscos (Trichodroma muraria)
Observaba a el ejemplar de la fotografía cuando otro individuo entró en escena provocando una confrontación alada junto a la roca viva. Caminaban verticalmente por la vertical rocosa para de golpe dejarse caer cerca del punto de inicio de su transecto y volver a ascender. Así continuamente indagando en todas las esquinas en busca de alimento. Podían cambiar de una cara a otra de la garganta dejando ver sus alas ligeramente redondeadas y adornadas por motas blancas. A cierta distancia es complicado apreciar el tono rojizo de las mismas a simple vista y sólo destacan las manchas claras sobre un fondo más oscuro.
Treparriscos (Trichodroma muraria), en esta fotografía se aprecian las largas uñas.
Treparriscos (Tichodroma muraria)
Imágenes de treparriscos con las alas extendidas. A medida que ascienden realizan una especie de ligera sacudida de las alas.
En esta imagen se pueden ver los 2 ejemplares de treparriscos observados uno en cada esquina de la imagen.
Parece que el tiempo mejorará a partir del miércoles asique esperemos que todo vaya volviendo a ser algo más acorde a la época en la que estamos y ya de paso nos deje campear un poco sin calarnos hasta la médula. Espero que os guste la entrada y un saludo.
sábado, 21 de abril de 2012
Lobo ibérico: cumpliendo sueños
Esta entrada no pretende entrar en ningún tipo de polémica acerca de la gestión de este animal en la península ibérica aunque todos sabemos como va... Simplemente va a actuar como un cuaderno de campo para reflejar unas de las vivencias más alucinantes a nivel personal que he tenido con estos animales, fruto de numerosas esperas en la Cordillera Cantábrica. Son experiencias con las que siempre sueñas y que al final se cumplen.
Sábado 24 de Marzo de 2012 7:50 am aproximadamente
Las primeras luces golpean algunas de las nieves relictas de las últimas y escasas nevadas del invierno cantábrico recién terminado. Hace frío y junto a mi padre controlamos a distancia una zona que tiene buena pinta como "paso de lobos". En principio nada destacable, un grupo de ciervos descansa lejos en un cortafuegos, un pito negro reclama en lo profundo del bosque y el pantalón comienza a mojarse por efecto de la helada derritiendose a causa del calor corporal. Una tarabilla macho percha sobre una zarza agitando su cola de forma viva, como es costumbre en la especie.
Entonces comienza el ajetreo. Controlo una zona de ladera cuando de un hayedo surgen un grupo de unas 8 ciervas corriendo con la cabeza erguida y pisadas contundentes. Miro con los prismáticos y entre ellas distingo un bulto diferente, un lobo ibérico se escurre entre las ciervas persiguiendo a su objetivo. Mi padre me avisa de que hay otro ejemplar que corre tras las mismas un poco más abajo en la misma ladera. Corren estirados, con la cabeza hacia delante y el cuello tenso. Su pelaje todavía luce invernal dando a los lobos un aspecto más poderoso. Entonces los dos lobos se acercan y el grupo de las ciervas se disgrega saliendo cada una en una dirección. Tal es el afán de las ciervas de huir de los lobos que 3 de ellas corren hacia nosotros sin percatarse de nuestra presencia. No ha habido suerte esta vez, la comida tendrá que esperar. Del hayedo salen 3 ejemplares más de lobo ibérico. Cruzan un nevero y se reunen para en un claro nevado entre unos acebos. Un grupo de 5 lobos ibéricos se saluda sobre el blanco manto mediante movimientos de cola y cabeza.
Lobo ibérico (Canis lupus signatus) cruzando un nevero
Grupo de lobos ibéricos tras unos acebos en la Cordillera Cantábrica
No pude hacer una foto en la que se vean los 5 lobos al mismo tiempo ya que del claro fueron saliendo a medida que llegaban otros componentes del grupo para formar una fila que tomó dirección a un collado. 2 ejemplares iban más adelantados mientras que el resto del grupo iba junto unos metros por detrás. Mientras observaba a los animales cruzar la ladera era inevitable recordar escenas de caza de lobos en libertad persiguiendo a ciervos americanos o incluso a bisontes en norteamérica. También hay escenas rodadas con lobos ibéricos pero en la mayoría e casos son ejemplares troquelados, y es que no es tan fácil poder contemplar el momento de la caza de un grupo de lobos en total libertad.
A medida que los lobos avanzaban por el sendero de vez en cuando alguno marcaba el territorio con un excremento en el camino. De vez en cuando miraban atrás esperando a sus congéneres u olisqueaban el sustrato helado. Uno de los ejemplares lucía una lustrosa panza por lo que puede que fuese una hembra en sus últimas semanas de gestación ya que como dice el refrán: "Escoba florida, loba parida" y eran finales de Marzo. Los lobos fueron cruzando uno tras otro hasta alcanzar un collado y desaparecer a eso de las 8:15 de la mañana. Solamente el hecho de salir al campo en las montañas del norte peninsular y poder presenciar una escena como esta debería ser suficiente para que el lobo ibérico gozase de mucha menos presión de la que tiene en la actualidad.
Lobo marcando el territorio
3 del grupo de 5 lobos observado
En esta imagen se aprecia la panza del ejemplar que está a la izquierda pudiendo tratarse de una hembra preñada (Pinchad en la imagen para ver a mayor tamaño)
Lobos ibéricos sobre la nieve.
Domingo 8 de Abril de 2012 20:00 aproximadamente
En uno de los campeos habituales sin buscar nada en concreto, simplemente dando una vuelta por una zona buena, con posibilidad de observar varias especies tanto de herbívoros como carnívoros, una cierva huye sin mirar atrás. La tarde es agradable y la niebla amenaza con posarse sobre las montañas en cualquier momento. En principio parece que nada va detrás de la cierva tras un control del lugar con los prismáticos. Sin embargo, unos 10 minutos después una silueta familiar aparece en uno de los prados del entorno. Es un lobo ibérico. Campea entre unas hozaduras de jabalí con el famoso trote lobuno deteniéndose muy poco y caminando en dirección norte a medida que asciende en la montaña. En principio puede parecer un lobo de buen tamaño al verlo aislado, sin embargo luego comprobaremos que no lo es tanto.
Lobo ibérico (Canis lupus signatus) campeando en la Cordillera Cantábrica.
Lobo ibérico.
Decidimos coger algo de altura para tener una mejor vista del valle y poder controlar mejor los movimientos del lobo. Nos encontramos en la ladera opuesta al animal en todo momento, cuando de repente el silencio del lugar se ve interrumpido por un coro de aullidos y chillidos que ponen la piel de gallina. Nunca había escuchado aullar a los lobos ni mucho menos imaginaba hacerlo a plena luz del día. Me apresuro a montar el telescopio para encontrar al grupo que emite los sonidos y poder verlos aullar. No doy con ellos pero entonces, mi padre, con una vista curtida por los años de mirar a las montañas cantábricas (todos los que lo conocéis sabéis que puede presumir de ello) da con el grupo. Enfoco hacia donde me indica y ahí están. Un grupo de 3 lobos, 2 de gran tamaño (posiblemente la pareja alfa) y uno de un tamaño menor (quizá un cachorro del año pasado) levantan sus cabezas y emiten aullidos y pequeños chillidos que resuenan en todo el valle. Tiemblo ante semejante espectáculo y no de miedo, sino de emoción. Están llamando al primero de los lobos que vimos, que se encontraba a menor altitud que el grupo. Este ejemplar deja de caminar y mira hacia la zona donde está el grupo cuando estos aullan.
Grupo de 3 lobos ibéricos aullando en la distancia.
El lobo que caminaba sólo dirige su rumbo hacia el grupo. Cruza el monte con la facilidad propia de un gran predador y en pocos minutos se produce el encuentro. Se escuchan chillidos agudos cuando se juntan, mueven la cola y juntan sus hocicos olisqueandose, uno de los individuos de gran tamaño se acerca al joven recien llegado y se coloca sobre él, el joven se tumba en señal de sumisión. Tras el encuentro los lobos se sientan, se rascan, incluso se arrastran por el suelo para calmar los picores. Todo esto sucede mientras yo lo observo a 1 km de distancia. Poco a poco la niebla va cayendo sobre las pendientes laderas y se hace la noche. La sorpresa llega cuando ojeando un poco cerca desde el lugar en que estábamos observando nos encontramos con los restos recientes de un jabalí del que sólo quedaba la cabeza, las pezuñas y el pellejo de la cola. Lo demás había sido comido por los lobos y los buitres. Los restos de un imponente venado, mucho más antiguos ya que no tenían resto alguno de carne yacían cerca del jabalí. Una posible zona de embudo donde se facilita la captura de presas por parte de estos magníficos animales.
Restos de jabalí posiblemente depredado por lobo ibérico.
He narrado un par de experiencias que he podido observar y con las que había soñado durante practicamente toda mi vida (al menos desde que tengo conciencia y recuerdos). Lo que se siente al ser un espectador de las maravillas de la Cordillera Cantábrica es algo dificil de describir. Los que hayáis tenido encuentros similares con estos animales seguro que me entendéis. El lobo ibérico es un tesoro que tenemos que conservar entre todos tanto por el importantísimo papel que juega en un ecosistema como por el valor de ser una subespecie endémica de la península lo que le da un plus. Es triste que estos argumentos no sean suficientes para la gestión del lobo y lo que dirija los intereses en casi todos los casos sean los ingresos económicos (bien sea por caza o por lo que genere el lobo como en el caso de la sierra de la culebra). Un "político" solo se planteará en serio la protección del lobo si este supone un beneficio económico de algún tipo, es triste pero es así. De todas formas esperemos que el lobo siga haciendo gala de su capacidad de adaptación y sea capaz de superar esta tormenta que le está cayendo para seguir campeando como una sombra en los valles y crestas de estas montañas. Un saludo.
Sábado 24 de Marzo de 2012 7:50 am aproximadamente
Las primeras luces golpean algunas de las nieves relictas de las últimas y escasas nevadas del invierno cantábrico recién terminado. Hace frío y junto a mi padre controlamos a distancia una zona que tiene buena pinta como "paso de lobos". En principio nada destacable, un grupo de ciervos descansa lejos en un cortafuegos, un pito negro reclama en lo profundo del bosque y el pantalón comienza a mojarse por efecto de la helada derritiendose a causa del calor corporal. Una tarabilla macho percha sobre una zarza agitando su cola de forma viva, como es costumbre en la especie.
Entonces comienza el ajetreo. Controlo una zona de ladera cuando de un hayedo surgen un grupo de unas 8 ciervas corriendo con la cabeza erguida y pisadas contundentes. Miro con los prismáticos y entre ellas distingo un bulto diferente, un lobo ibérico se escurre entre las ciervas persiguiendo a su objetivo. Mi padre me avisa de que hay otro ejemplar que corre tras las mismas un poco más abajo en la misma ladera. Corren estirados, con la cabeza hacia delante y el cuello tenso. Su pelaje todavía luce invernal dando a los lobos un aspecto más poderoso. Entonces los dos lobos se acercan y el grupo de las ciervas se disgrega saliendo cada una en una dirección. Tal es el afán de las ciervas de huir de los lobos que 3 de ellas corren hacia nosotros sin percatarse de nuestra presencia. No ha habido suerte esta vez, la comida tendrá que esperar. Del hayedo salen 3 ejemplares más de lobo ibérico. Cruzan un nevero y se reunen para en un claro nevado entre unos acebos. Un grupo de 5 lobos ibéricos se saluda sobre el blanco manto mediante movimientos de cola y cabeza.
Lobo ibérico (Canis lupus signatus) cruzando un nevero
Grupo de lobos ibéricos tras unos acebos en la Cordillera Cantábrica
No pude hacer una foto en la que se vean los 5 lobos al mismo tiempo ya que del claro fueron saliendo a medida que llegaban otros componentes del grupo para formar una fila que tomó dirección a un collado. 2 ejemplares iban más adelantados mientras que el resto del grupo iba junto unos metros por detrás. Mientras observaba a los animales cruzar la ladera era inevitable recordar escenas de caza de lobos en libertad persiguiendo a ciervos americanos o incluso a bisontes en norteamérica. También hay escenas rodadas con lobos ibéricos pero en la mayoría e casos son ejemplares troquelados, y es que no es tan fácil poder contemplar el momento de la caza de un grupo de lobos en total libertad.
A medida que los lobos avanzaban por el sendero de vez en cuando alguno marcaba el territorio con un excremento en el camino. De vez en cuando miraban atrás esperando a sus congéneres u olisqueaban el sustrato helado. Uno de los ejemplares lucía una lustrosa panza por lo que puede que fuese una hembra en sus últimas semanas de gestación ya que como dice el refrán: "Escoba florida, loba parida" y eran finales de Marzo. Los lobos fueron cruzando uno tras otro hasta alcanzar un collado y desaparecer a eso de las 8:15 de la mañana. Solamente el hecho de salir al campo en las montañas del norte peninsular y poder presenciar una escena como esta debería ser suficiente para que el lobo ibérico gozase de mucha menos presión de la que tiene en la actualidad.
Lobo marcando el territorio
3 del grupo de 5 lobos observado
En esta imagen se aprecia la panza del ejemplar que está a la izquierda pudiendo tratarse de una hembra preñada (Pinchad en la imagen para ver a mayor tamaño)
Lobos ibéricos sobre la nieve.
Domingo 8 de Abril de 2012 20:00 aproximadamente
En uno de los campeos habituales sin buscar nada en concreto, simplemente dando una vuelta por una zona buena, con posibilidad de observar varias especies tanto de herbívoros como carnívoros, una cierva huye sin mirar atrás. La tarde es agradable y la niebla amenaza con posarse sobre las montañas en cualquier momento. En principio parece que nada va detrás de la cierva tras un control del lugar con los prismáticos. Sin embargo, unos 10 minutos después una silueta familiar aparece en uno de los prados del entorno. Es un lobo ibérico. Campea entre unas hozaduras de jabalí con el famoso trote lobuno deteniéndose muy poco y caminando en dirección norte a medida que asciende en la montaña. En principio puede parecer un lobo de buen tamaño al verlo aislado, sin embargo luego comprobaremos que no lo es tanto.
Lobo ibérico (Canis lupus signatus) campeando en la Cordillera Cantábrica.
Lobo ibérico.
Decidimos coger algo de altura para tener una mejor vista del valle y poder controlar mejor los movimientos del lobo. Nos encontramos en la ladera opuesta al animal en todo momento, cuando de repente el silencio del lugar se ve interrumpido por un coro de aullidos y chillidos que ponen la piel de gallina. Nunca había escuchado aullar a los lobos ni mucho menos imaginaba hacerlo a plena luz del día. Me apresuro a montar el telescopio para encontrar al grupo que emite los sonidos y poder verlos aullar. No doy con ellos pero entonces, mi padre, con una vista curtida por los años de mirar a las montañas cantábricas (todos los que lo conocéis sabéis que puede presumir de ello) da con el grupo. Enfoco hacia donde me indica y ahí están. Un grupo de 3 lobos, 2 de gran tamaño (posiblemente la pareja alfa) y uno de un tamaño menor (quizá un cachorro del año pasado) levantan sus cabezas y emiten aullidos y pequeños chillidos que resuenan en todo el valle. Tiemblo ante semejante espectáculo y no de miedo, sino de emoción. Están llamando al primero de los lobos que vimos, que se encontraba a menor altitud que el grupo. Este ejemplar deja de caminar y mira hacia la zona donde está el grupo cuando estos aullan.
Grupo de 3 lobos ibéricos aullando en la distancia.
El lobo que caminaba sólo dirige su rumbo hacia el grupo. Cruza el monte con la facilidad propia de un gran predador y en pocos minutos se produce el encuentro. Se escuchan chillidos agudos cuando se juntan, mueven la cola y juntan sus hocicos olisqueandose, uno de los individuos de gran tamaño se acerca al joven recien llegado y se coloca sobre él, el joven se tumba en señal de sumisión. Tras el encuentro los lobos se sientan, se rascan, incluso se arrastran por el suelo para calmar los picores. Todo esto sucede mientras yo lo observo a 1 km de distancia. Poco a poco la niebla va cayendo sobre las pendientes laderas y se hace la noche. La sorpresa llega cuando ojeando un poco cerca desde el lugar en que estábamos observando nos encontramos con los restos recientes de un jabalí del que sólo quedaba la cabeza, las pezuñas y el pellejo de la cola. Lo demás había sido comido por los lobos y los buitres. Los restos de un imponente venado, mucho más antiguos ya que no tenían resto alguno de carne yacían cerca del jabalí. Una posible zona de embudo donde se facilita la captura de presas por parte de estos magníficos animales.
Restos de jabalí posiblemente depredado por lobo ibérico.
He narrado un par de experiencias que he podido observar y con las que había soñado durante practicamente toda mi vida (al menos desde que tengo conciencia y recuerdos). Lo que se siente al ser un espectador de las maravillas de la Cordillera Cantábrica es algo dificil de describir. Los que hayáis tenido encuentros similares con estos animales seguro que me entendéis. El lobo ibérico es un tesoro que tenemos que conservar entre todos tanto por el importantísimo papel que juega en un ecosistema como por el valor de ser una subespecie endémica de la península lo que le da un plus. Es triste que estos argumentos no sean suficientes para la gestión del lobo y lo que dirija los intereses en casi todos los casos sean los ingresos económicos (bien sea por caza o por lo que genere el lobo como en el caso de la sierra de la culebra). Un "político" solo se planteará en serio la protección del lobo si este supone un beneficio económico de algún tipo, es triste pero es así. De todas formas esperemos que el lobo siga haciendo gala de su capacidad de adaptación y sea capaz de superar esta tormenta que le está cayendo para seguir campeando como una sombra en los valles y crestas de estas montañas. Un saludo.
sábado, 14 de abril de 2012
Armiño
Parece que el invierno ha llegado tarde este año y ya que la tempestad impide salir al campo aprovecho para actualizar el blog. Fue en las últimas nieves caídas a principios de este mes de Abril cuando tuve un agradable encuentro con uno de los pequeños cazadores de nuestras montañas norteñas. Hablo del armiño, animal cuyo nombre suena familiar a muchas personas por el precio que alcanzó su piel en el mercado peletero pero al que no tantos ponen cara. Y es que viendo la cara de estos animales se hace imposible hacerles el mínimo daño, mucho menos para arrebatarles el pellejo. Concretamente, es en invierno cuando su piel era más cotizada ya que la mayoría de estos animales mudan su pelaje para tornarse en uno completamente blanco a excepción de la punta negra de la cola, carácter que ayuda a diferenciarlo de la comadreja.
Armiño (Mustela erminea) en pelaje de verano.
No obstante no siempre se produce esta muda en estos animales, al menos no en estas latitudes (un poco más al sur está el límite meridional de la especie). Puede que no muden nada del pelaje o bien que presenten una muda a manchas claras y marrones, una especie de mezcla entre los dos pelajes típicos en la especie. Yo personalmente nunca lo he visto con un pelaje completamente blanco, si que lo he visto parcheado en el mes de Enero. Parece relacionarse con la cantidad de horas de luz y también por factores genéticos.
Estos animales escogen las paredes de prados como refugio y los propios prados como territorio de caza librando a los mismos de topillos, ratones y otros roedores que constituyen parte de su dieta. Su cuerpo cilíndrico y estilizado le permite adentrarse en las madrigueras de roedores de gran tamaño para cazarlos así como entre los huecos de las paredes apareciendo y desapareciendo como una visión. La mayoría de avistamientos de armiño comienza con un movimiento fugaz para luego verlo cruzar corriendo un prado o simplemente asomar la cabeza entre las rocas.
Armiño (Mustela erminea) a la entrada de una madriguera.
Mi última observación de este animal fue curiosa por varios factores. Para empezar se ocultaba en una madriguera asomando de vez en cuando y quedandose quieto observando a su alrededor. A veces se alejaba un poco del orificio pero volvía al mismo rápidamente. No era una visión fugaz como las que acostumbra a hacer el pequeño mustélido, sino que se lo tomaba con calma permitiendo una observación detallada del animal. Otro de los factores es que no estaba sólo en la cavidad, en una de las salidas del primero de los armiños, un segundo armiño asomó la cabeza por el agujero. Nunca había observado a dos adultos de esta especie juntos aunque en el momento de parir las madres tienen una relación intensa con sus crías formando familias. Finalmente el primer armiño abandonó el lugar y el segundo no asomó más por el orificio.
Comienza su tiempo de amoríos por lo que supongo que este es el motivo de la cercanía entre estos armiños. Presentan implantación diferida, lo que significa que tras la fecundación, el blastocito permanece libre en el útero durante varios meses hasta que se implanta a la primavera siguiente para, tras el desarrollo de las crías, dar a luz a camadas de entre 4 y 10 individuos.
Armiño (Mustela erminea). En esta imagen se aprecia la punta negra de la cola que lo caracteriza.
Este animal también habita en canchales de montaña y roquedos de la cordillera, sin embargo ha sabido convivir con el hombre a pesar de la persecución ejercida sobre estos animales por motivos como los que comentaba al principio de esta entrada o bien por ser consideradas alimañas, alimañas que era legal erradicar incluso compensando económicamente al alimañero por presentar la piel de uno de estos animales entre otros muchos en una época oscura de ese país. Esperemos que no se cumplan las últimas noticias de volver a esa visión obsoleta.
No obstante el hombre convive con estos animales en la actualidad, llaman "denuncietsas", "goluncietsas" o "mostolietsas" a esos animales rápidos que cruzan los verdes prados de los fondos de valle cantábricos. Parece que pueden escurrirse entre los agujeros sin miedo a que una garduñera las pille. Otra vez queda presente la ignorancia de quienes las mataban por el mero hecho de matar sin saber que esos animales mantenían sus tierras libres de roedores que pudiesen afectar a sus pastos o cosechas.
Armiño (Mustela erminea) asomado en el agujero donde se encontraba con el otro ejemplar.
A pesar del pequeño y delicado tamaño que pueden aparentar estos animales, son excelentes cazadores y en zonas como Reino Unido donde abundan los conejos son capaces de dar caza a uno de estos animales a pesar de que los superan en peso y en tamaño. Viendo este increible video de la BBC queda patente. Esperemos ver el correr de estos animales por nuestros prados, aunque sea cuestión de segundos, durante mucho tiempo. Espero que os haya gustado la entrada. Un saludo.
Armiño (Mustela erminea)
Armiño (Mustela erminea) en pelaje de verano.
No obstante no siempre se produce esta muda en estos animales, al menos no en estas latitudes (un poco más al sur está el límite meridional de la especie). Puede que no muden nada del pelaje o bien que presenten una muda a manchas claras y marrones, una especie de mezcla entre los dos pelajes típicos en la especie. Yo personalmente nunca lo he visto con un pelaje completamente blanco, si que lo he visto parcheado en el mes de Enero. Parece relacionarse con la cantidad de horas de luz y también por factores genéticos.
Estos animales escogen las paredes de prados como refugio y los propios prados como territorio de caza librando a los mismos de topillos, ratones y otros roedores que constituyen parte de su dieta. Su cuerpo cilíndrico y estilizado le permite adentrarse en las madrigueras de roedores de gran tamaño para cazarlos así como entre los huecos de las paredes apareciendo y desapareciendo como una visión. La mayoría de avistamientos de armiño comienza con un movimiento fugaz para luego verlo cruzar corriendo un prado o simplemente asomar la cabeza entre las rocas.
Armiño (Mustela erminea) a la entrada de una madriguera.
Mi última observación de este animal fue curiosa por varios factores. Para empezar se ocultaba en una madriguera asomando de vez en cuando y quedandose quieto observando a su alrededor. A veces se alejaba un poco del orificio pero volvía al mismo rápidamente. No era una visión fugaz como las que acostumbra a hacer el pequeño mustélido, sino que se lo tomaba con calma permitiendo una observación detallada del animal. Otro de los factores es que no estaba sólo en la cavidad, en una de las salidas del primero de los armiños, un segundo armiño asomó la cabeza por el agujero. Nunca había observado a dos adultos de esta especie juntos aunque en el momento de parir las madres tienen una relación intensa con sus crías formando familias. Finalmente el primer armiño abandonó el lugar y el segundo no asomó más por el orificio.
Comienza su tiempo de amoríos por lo que supongo que este es el motivo de la cercanía entre estos armiños. Presentan implantación diferida, lo que significa que tras la fecundación, el blastocito permanece libre en el útero durante varios meses hasta que se implanta a la primavera siguiente para, tras el desarrollo de las crías, dar a luz a camadas de entre 4 y 10 individuos.
Armiño (Mustela erminea). En esta imagen se aprecia la punta negra de la cola que lo caracteriza.
Este animal también habita en canchales de montaña y roquedos de la cordillera, sin embargo ha sabido convivir con el hombre a pesar de la persecución ejercida sobre estos animales por motivos como los que comentaba al principio de esta entrada o bien por ser consideradas alimañas, alimañas que era legal erradicar incluso compensando económicamente al alimañero por presentar la piel de uno de estos animales entre otros muchos en una época oscura de ese país. Esperemos que no se cumplan las últimas noticias de volver a esa visión obsoleta.
No obstante el hombre convive con estos animales en la actualidad, llaman "denuncietsas", "goluncietsas" o "mostolietsas" a esos animales rápidos que cruzan los verdes prados de los fondos de valle cantábricos. Parece que pueden escurrirse entre los agujeros sin miedo a que una garduñera las pille. Otra vez queda presente la ignorancia de quienes las mataban por el mero hecho de matar sin saber que esos animales mantenían sus tierras libres de roedores que pudiesen afectar a sus pastos o cosechas.
Armiño (Mustela erminea) asomado en el agujero donde se encontraba con el otro ejemplar.
A pesar del pequeño y delicado tamaño que pueden aparentar estos animales, son excelentes cazadores y en zonas como Reino Unido donde abundan los conejos son capaces de dar caza a uno de estos animales a pesar de que los superan en peso y en tamaño. Viendo este increible video de la BBC queda patente. Esperemos ver el correr de estos animales por nuestros prados, aunque sea cuestión de segundos, durante mucho tiempo. Espero que os haya gustado la entrada. Un saludo.
Armiño (Mustela erminea)
domingo, 25 de marzo de 2012
Picamaderos negro
También llamado pito negro pero este nombre parece herir la sensibilidad de ciertas personas asique actualmente es picamaderos negro, Dryocopus martius para no entrar en polémica. Resulta que es buena época para buscar al mayor píccido de Europa y por tanto también de la península. Tiempo de tamborileos y relinchos en los bosques maduros de la Cordillera Cantábrica, señal del incipiente celo que, con suerte, derivará en unos pocos huevos colocados en lo profundo de un agujero labrado a base de picotazos en un haya o un viejo roble, comunicado con el exterior por un orificio ovalado o con forma de lágrima. No es demasiado complicado escuchar el canto de este carpintero del tamaño de una corneja si tenemos paciencia, escogemos la época adecuada y un lugar en el que esté presente. Sin embargo no es tan fácil verlo en la maraña de ramas y troncos en el interior del bosque. Varios han sido mis avistamientos del picamaderos, sin embargo no pude retratarlo hasta los comienzos de esta primavera.
Hembra de Pito negro (Dryocopus martius) sobre un roble del occidente cantábrico.
Las imágenes no son gran cosa pero es un animal que merece una entrada en el blog y con cuyas fotografías estoy bastante contento. Mi primer encuentro con este animal fue cerca de mi casa hace ya unos 8 años, en un robledal maduro salpicado con algún arce, serbal y acebales en la zona alta. Un pájaro negro de gran tamaño, con pico y ojos claros volaba a través del bosque emitiendo un sonoro kru-kru-kru. Su vuelo no era oscilante como el de los demás carpinteros, sino que era rectilíneo y sus alas grandes y redondeadas en la parte posterior llamaban la atención. Me había topado con mi primer picamaderos negro. Pude escucharlo muchas otras ocasiones en las montañas del noroccidente leonés y suroccidente de asturias, casi todas en esta época, finales de marzo - principios de abril. También pude ver una pareja de picamaderos en mi viaje al pirineo catalán en el verano de 2009, donde la población es mucho más abundante que en la cordillera (pirineos y la cordillera son los 2 únicos relictos de la especie en la península).
Hembra de picamaderos negro (Dryocopus martius) posada sobre un abedul.
Su fuerte tamborileo es audible desde 2-4 km de distancia y recuerda a "salvas de ametralladora" según la Svensson, guía de campo de muchos pajareros a nivel europeo. La verdad es que es una descripción muy acertada para los tamborileos de este carpintero. A mi personalmente me llama la atención la duración de los mismos, mucho más largos que los de picapinos. Parece increible la resistencia y el diseño del cráneo de estos animales para resistir semejante repetición de impactos. Una dispisición y longitud de los componentes del pico y la estructura del hueso hioides en estas aves permite resistir las repeticiones contra la madera.
Esquema de la disposición de la lengua y la estructura del hioides en un pájaro carpintero. Como se puede ver la lengua rodea el craneo de los píccidos por la parte posterior, lo que ayuda a amortiguar en buena medida los golpes.
Las imágenes que adjunto son de una hembra que relinchaba desde varios árboles a unos 1300 msnm intercalándolo con tamborileos. Las hembras se diferencian de los machos por presentar sólo la parte posterior del píleo de color rojo, mientras que los machos presentan todo el píleo de ese color. Los ojo y pico blancos destacan sobre el plumaje negro inmaculado. Las marcas que estos animales dejan en los árboles son importantes, sobre todo en las zonas de alimentación ya que taraldran literalmente los troncos dejándolos como auténticos coladores para conseguir las preciadas larvas xilofilas que se alimentan de la madera.
Aspecto del picamaderos negro en vuelo.
Esta es otra de esas especies que hacen que la Cordillera Cantábrica derroche magia y haga sentirnos afortunadas a las personas que vivimos en ella. Escuchar el relincho de un pito negro, mientras ves carboneros palustres sobre los árboles y excrementos de un urogallo en el sendero de un robledal maduro es algo único en la península. En la cabeza del naturalista siempre hay imágenes con las que espera encontrarse, fruto de la consulta de guías y horas de campo y que muchas veces suceden cuando menos lo esperamos. Ese es el secreto de tener siempre ganas de volver al monte, la incertidumbre de saber como será lo que veas.
Picamaderos negro (Dryocopus martius) en pose típica sobre un roble.
La primavera ha llegado y es un buen momento para detenerse a mirar y a escuchar en nuestra querida Cordillera. Un saludo y espero que os haya gustado la entrada.
Aspecto del hábitat del Dryocopus dentro de un mes aproximadamente.
Hembra de Pito negro (Dryocopus martius) sobre un roble del occidente cantábrico.
Las imágenes no son gran cosa pero es un animal que merece una entrada en el blog y con cuyas fotografías estoy bastante contento. Mi primer encuentro con este animal fue cerca de mi casa hace ya unos 8 años, en un robledal maduro salpicado con algún arce, serbal y acebales en la zona alta. Un pájaro negro de gran tamaño, con pico y ojos claros volaba a través del bosque emitiendo un sonoro kru-kru-kru. Su vuelo no era oscilante como el de los demás carpinteros, sino que era rectilíneo y sus alas grandes y redondeadas en la parte posterior llamaban la atención. Me había topado con mi primer picamaderos negro. Pude escucharlo muchas otras ocasiones en las montañas del noroccidente leonés y suroccidente de asturias, casi todas en esta época, finales de marzo - principios de abril. También pude ver una pareja de picamaderos en mi viaje al pirineo catalán en el verano de 2009, donde la población es mucho más abundante que en la cordillera (pirineos y la cordillera son los 2 únicos relictos de la especie en la península).
Hembra de picamaderos negro (Dryocopus martius) posada sobre un abedul.
Su fuerte tamborileo es audible desde 2-4 km de distancia y recuerda a "salvas de ametralladora" según la Svensson, guía de campo de muchos pajareros a nivel europeo. La verdad es que es una descripción muy acertada para los tamborileos de este carpintero. A mi personalmente me llama la atención la duración de los mismos, mucho más largos que los de picapinos. Parece increible la resistencia y el diseño del cráneo de estos animales para resistir semejante repetición de impactos. Una dispisición y longitud de los componentes del pico y la estructura del hueso hioides en estas aves permite resistir las repeticiones contra la madera.
Esquema de la disposición de la lengua y la estructura del hioides en un pájaro carpintero. Como se puede ver la lengua rodea el craneo de los píccidos por la parte posterior, lo que ayuda a amortiguar en buena medida los golpes.
Las imágenes que adjunto son de una hembra que relinchaba desde varios árboles a unos 1300 msnm intercalándolo con tamborileos. Las hembras se diferencian de los machos por presentar sólo la parte posterior del píleo de color rojo, mientras que los machos presentan todo el píleo de ese color. Los ojo y pico blancos destacan sobre el plumaje negro inmaculado. Las marcas que estos animales dejan en los árboles son importantes, sobre todo en las zonas de alimentación ya que taraldran literalmente los troncos dejándolos como auténticos coladores para conseguir las preciadas larvas xilofilas que se alimentan de la madera.
Aspecto del picamaderos negro en vuelo.
Esta es otra de esas especies que hacen que la Cordillera Cantábrica derroche magia y haga sentirnos afortunadas a las personas que vivimos en ella. Escuchar el relincho de un pito negro, mientras ves carboneros palustres sobre los árboles y excrementos de un urogallo en el sendero de un robledal maduro es algo único en la península. En la cabeza del naturalista siempre hay imágenes con las que espera encontrarse, fruto de la consulta de guías y horas de campo y que muchas veces suceden cuando menos lo esperamos. Ese es el secreto de tener siempre ganas de volver al monte, la incertidumbre de saber como será lo que veas.
Picamaderos negro (Dryocopus martius) en pose típica sobre un roble.
La primavera ha llegado y es un buen momento para detenerse a mirar y a escuchar en nuestra querida Cordillera. Un saludo y espero que os haya gustado la entrada.
Aspecto del hábitat del Dryocopus dentro de un mes aproximadamente.
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