lunes, 4 de noviembre de 2013

Un año en la vida del gato montés: La primavera.

El invierno, uno de los momentos más críticos y cruciales en la vida del gato montés (Felis silvestris), ha sido superado con éxito. Comienza entonces la primavera, una época de transición bastante impredecible en cuanto a la climatología ya que años como el pasado nieva hasta el mes de Junio y otros sin embargo las temperaturas rondan los 20º. Las hembras han sido fecundadas y albergan en su interior la siguiente generación de gatos silvestres. Generalmente las nieves van derritiéndose en las zonas altas y los gatos que durante el invierno se habían refugiado en cotas menores ascienden a sus territorios de cría y alimentación. No obstante como dije anteriormente son habituales las nevadas tardías en esta época viéndose los felinos obligados a descender en altitud de forma intermitente.

Hembra de gato montés preñada como se aprecia por el volumen de su vientre

Al retirarse la nieve la hierba de los prados aparece quemada por el frío y es de un tono amarillento. Además está tumbada por el peso de la gruesa capa nival y la visibilidad para cazar es excelente por lo que los gatos monteses frecuentan en este momento los prados de solana donde la nieve desaparece antes para buscar alimento.

Macho de gato montés (Felis silvestris) en un prado amarillento al principio de la primavera.

Macho de gato montés sentado en un prado con la hierba aplastada y amarillenta a causa de la nieve recién derretida.

A medida que aumenta el número de horas de luz y asciende la temperatura, la montaña cantábrica explota en una ensalada de verdes. La productividad es máxima en este momento, los árboles se cubren de hoja y la hierba en los prados crece a un ritmo vertiginoso. La hierba alta incomoda a los gatos monteses a la hora de buscar alimento.

Gato montés acechando en un prado primaveral.

Es más complicado acercarse de forma sigilosa a sus presas ya que todo su cuerpo hace ruido al deslizarse entre la vegetación y hay más obstáculos a la hora de atrapar al roedor, también a causa de la vegetación que impide maniobrar con comodidad. No obstante en alguna ocasión he observado a gatos monteses cazando en prados con hierba bastante alta. Los individuos se levantan sobre las patas de atrás en alguna ocasión para escuchar mejor los movimientos de los roedores y cuando se han aproximado lo suficiente, la estrategia es semejante a la caza en nieve. Saltan para evitar tropezar con la vegetación y caen justo sobre su presa. La hierba alta dificulta la detección de individuos por lo que es una época en la que disminuye considerablemente el número de avistamientos. A continuación un par de fotografías mostrando esta técnica y un video en el que se muestran lances de caza efectuados por la especie en prados de la Cordillera Cantábrica. Esta especie depende de forma muy importante de la captura de presas vivas ya que es considerado un hipercarnívoro que no carroñea de forma habitual por lo que ha de ser elevada su pericia a la hora de conseguir alimento. No obstante no siempre da en el clavo como se aprecia en el video. Para disfrutarlo al máximo pinchad en la palabra Vimeo y una vez en la página pulsad el icono de HD.

Hembra de gato montés levantada sobre las patas traseras en un prado con abundante vegetación al final de la primavera.

Hembra de gato montés cazando en la hierba alta mediante el uso de una estrategia semejante a la utilizada con nieve.


Las hembras han buscado un lugar seco, apartado y seguro para dar a luz a un pequeño grupo de felinos rayados que nacen ciegos y emiten pequeños gruñidos. Normalmente son entre 3 y 4 los ejemplares que paren las gatas aunque por supuesto hablamos de valores intermedios. Los gatos permanecerán en el agujero hasta que tengan aproximadamente un mes de edad, es entonces cuando se aventuran a salir a las inmediaciones del refugio para jugar entre ellos. Pinchando AQUÍ podéis ver el genial video grabado por Daniel Castañeda en las montañas cántabras. En el mismo se ve una hembra de gato montés con los cachorros en un roquedo cantábrico y lo más sorprendente sucede cuando una piara de jabalíes cruza justo por delante y las crías se refugian.
Más adelante, ya en verano los cachorros acompañarán a sus madres en partidas de caza para aprender a conseguir alimento. Las hembras crían solas a los pequeños sin recibir ayuda de los machos. Nunca he visto cachorros de gato montés a pesar de conocer la ubicación aproximada de los mismos ya que las gatas al capturar una presa que servirá de alimento a sus cachorros caminan con la misma hacia un punto concreto del bosque en el que se adentran. El simple hecho de saber que están ahí es suficiente satisfacción.

Hembra de gato montés descansando en las proximidades del refugio donde descansan sus pequeños cachorros.

Es una época en la que las hembras necesitan asegurar el alimento por lo que los desplazamientos son reducidos. Las hembras han dado a luz a sus crías en una zona en la que tenga acceso a roedores para alimentarlas por lo que los movimientos se limitan a buscar alimento cerca de la guarida y llevarlo a sus crías. Adquieren por tanto un comportamiento especialista.

Gato montés en un prado florido de finales de primavera.

La primavera es una época en la que muchos animales han parido a sus crías dado que es un momento de abundancia de recursos en estas montañas. Animales como corzos o rebecos han traído al mundo a pequeñas copias en miniatura de si mismos y han de estar atentos a cualquier movimiento extraño ya que el futuro de su generación depende de ello. Normalmente un rebeco apenas prestaría atención a un gato montés, sin embargo esta primavera pude ver como una hembra de rebeco huía con su cría ante la presencia de un macho de gato montés. Podríamos pensar que alguna vez sufrió un ataque por parte de un gato, sin embargo lo más lógico es pensar que simplemente protegen a sus crías de todo aquello que tenga una mínima potencialidad de atacarla.

Escena pocas veces vista en la que una hembra de rebeco huye con su cría ante la presencia de un macho de gato montés.

Se acerca el verano, las crías seguirán creciendo y pronto los prados se llenarán de gente segando, empacando y recogiendo pero eso es tema del próximo periodo en el ciclo anual del gato montés. Un saludo y gracias por visitar el blog.

viernes, 25 de octubre de 2013

Un año en la vida del gato montés: El invierno.

Esta es la primera de una serie de entradas que se centrarán en los aspectos más importantes y curiosos de la vida del único felino silvestre de la Cordillera Cantábrica, el gato montés (Felis silvestris) especie con muchos secretos en su ecología y que es una especie a la que tengo especial cariño. La primera de estas entradas trata sobre el invierno, un momento crítico para un gran número de especies y por supuesto también para el gato montés.

Macho de gato montés con pelaje invernal en un prado de la Cordillera Cantábrica parcialmente cubierto por nieve.

El otoño da sus últimos coletazos y los árboles lucen ya desnudos en las montañas cantábricas. Son habituales las heladas nocturnas y las cumbres amanecen cubiertas por la nieve un día sí y otro también. Durante los momentos previos al invierno los gatos monteses aprovechan para alimentarse de forma masiva para afrontar la escasez de recursos que está por venir y caer sobre ellos de forma inminente. Los prados presentan el sustrato ablandado por las lluvias otoñales y roedores como las ratas toperas (Arvicola scherman) excavan sus madrigueras en la negra tierra. Esta especie es la principal presa del gato montés en la Cordillera junto con los topillos del género Microtus. El volumen del gato montés aumenta de forma importante, tanto por el incremento de masa corporal debida a la ingesta acusada de roedores como al crecimiento del pelaje invernal que le confiere un aspecto mayor. En las partidas de caza de estos animales y gracias a la gran diversidad biológica que alberga la Cordillera es fácil coincidir con otros de sus habitantes en el mismo prado.

Gata montesa caminando por un prado sigilosamente en busca de alimento.

Gata montesa buscando alimento entre las topineras con una garza real (Ardea cinerea) al fondo

Las soluciones buscadas por las diferentes especies al frío invierno son múltiples. Algunos como gran cantidad de aves deciden emigrar a latitudes más benévolas. Otros como erizos, lirones o murciélagos ante la ausencia de insectos de los que alimentarse hibernan disminuyendo sus constantes vitales a valores mínimos suficientes para mantenerlos con vida. Existe un último grupo de animales que también migra si consideramos como tal cualquier desplazamiento pero en este caso es una migración de tipo altitudinal, es decir, ciertas especies se desplazan a los valles donde la temperatura es más suave y la cobertura nival menor en la época invernal. Ejemplo de ello son los rebecos, las aves alpinas o el gato montés. Durante el seguimiento de la especie realizado se observó que la mayoría de citas en invierno se concentran en el horizonte altitudinal entre 800 y 1000 msnm dato que contrasta con el otoño, la época inmediatamente anterior donde la mayoría de avistamientos fueron entre los 1000 y 1200 msnm. La bibliografía nos dice que los gatos monteses parecen evitar espesores de nieve superioresa los 20 cm y es curioso observar a los gatos en un prado nevado ya que efectivamente evitan pisar la nieve espesa lo máximo posible y solo la cruzan cuando no hay otra alternativa.

Macho de gato montés sobre una roca descubierta en el medio de la nieve.

No obstante he observado gatos monteses cazando en la nieve y siguen un método semejante al de los zorros impulsándose con un salto para caer sobre su presa atravesando la nieve. También suelen utilizar los aquí denominados "tsindones" para cazar. Son los pequeños escalones que quedan entre un prado y otro que normalmente se encuentran refugiados bajo árboles como sauces o avellanos y la nieve resiste en ellos menos tiempo. Otra forma de evitar la nieve es refugiarse en el interior de bosques donde el espesor es menor y suben a descansar a los árboles separados del frío manto.

Macho de gato montés cazando en un prado nevado de la Cordillera Cantábrica.

Gato montés subido a un majuelo o espino albar (Crataegus monogyna) en un frío día de invierno

Sin embargo las condiciones invernales parecen ser claves para la presencia del gato montés. Por ejemplo, los prados que en invierno presentan gran cantidad de nieve (hecho relacionado con la precipitación y la cantidad de luz que incide en la misma) parecen ser seleccionados por la especie el resto del año. Esto podría tener que ver con los valores de producción: la nieve supone un reservorio de agua que llega al sustrato con el deshielo primaveral e implica una buen crecimiento de vegetales que a su vez son alimento de las poblaciones de roedores tan necesarias para la supervivencia del gato montés. En esta época del año muchas especies presentan un comportamiento generalista, realizando grandes desplazamientos y siendo menos exigentes con el alimento y con los lugares que ocupan.

Gata montesa descansando en un terreno rocoso orientado al sur donde la nieve se retira antes y la temperatura es mayor.

He detectado la ocupación de cabañas por parte de gatos monteses en varias ocasiones durante el periodo invernal. En ellas encuentran el refugio necesario de las inclemencias y también alimento ya que los restos de grano y paja atraen a roedores que también se refugian de las nevadas en estas construcciones.Además cuando los prados están cubiertos de nieve, zonas como las peñas que absorben mejor la escasa luz solar de esta época del año se descubren antes y los gatos aprovechan también para cazar en ellas como se puede observar en el siguiente video. La cola ancha y roma hace que sea inevitable comparar la silueta del gato en las peñas calizas con la de un puma en las Montañas Rocosas. Recomiendo ver el video en HD pinchando en VIMEO y marcando el icono de HD además de ver el video hasta el final ya que podréis ver un lance de caza diferente al habitual en la especie.


Otro de los motivos por los que el invierno es una época decisiva para el gato montés es porque es la época de celo. Puede alargarse hasta la primavera pero en general la mayor actividad se centra entre enero y marzo. Como sabréis los gatos monteses, al igual que los felinos en general (a excepción de los leones), son animales solitarios. Las oportunidades de ver varios gatos monteses interaccionando se reducen a la época de celo cuando machos y hembras se encuentran para reproducirse o bien cuando las gatas paren a sus crías en primavera y con las que conviven hasta el siguiente invierno.

Gato montés macho desplazándose por su territorio en un día de ventisca.

Generalmente el territorio de un macho incluye en su interior los de varias hembras con las que se reproduce. El macho ha de desplazarse continuamente por el territorio buscando hembras, expulsando a otros machos intrusos y marcando los límites del mismo mediante excrementos, orina o marcas olorosas que emiten mediante glándulas bajo la cola. Generalmente esta es la forma de comunicación de los gatos monteses pero en el celo emiten sonoros y graves maullidos que resuenan en la oscuridad de la fría noche.

Macho de gato montés marcando el territorio en el límite de su territorio.

Los encuentros entre machos y hembras no son nada amistosos y las hembras no se dejan camelar facilmente. El pene de los felinos presenta una serie de espinas que estimula la ovulación por parte de la hembra y facilita el éxito reproductivo. He leído en algún lugar que para reducir la tensión los machos regalan presas a las hembras aunque nunca he visto este comportamiento. El pasado invierno un macho de gato montés identificable por una mancha blanca en la borla negra de su ancha cola maullaba entre unas escobas. De golpe abandonó su escondrijo y trotó prado abajo hasta encontrarse con una hembra la cual erizó su lomo y dejó claro que no era suficiente bueno para ella. El gato se refugió en el bosque con una importante herida en su ego.

Macho (Izda) y hembra (dcha) de gato montés en un encuentro poco amistoso en la Cordillera Cantábrica.

Los encuentros entre machos también son habituales en esta época. Durante el seguimiento realizado el pasado invierno, tres machos fueron vistos en el mismo prado de forma individual en un periodo de 3 días. Posiblemente el lugar está ubicado en un límite de territorios por lo que tras la presencia de un primer individuo los demás visitaron el lugar para marcarlo de nuevo.

Primer individuo localizado en el prado que recibe el nombre de "Oreja Cortada" por la profunda muesca en su oreja derecha, lamentablemente este ejemplar fue atropellado en verano.

Segundo individuo detectado en el mismo prado al que llamo "Viejo" por la cantidad de años que llevo viéndolo e identificable por la muesca y forma de su oreja izquierda.

Tercer ejemplar localizado en el mismo prado en el lapso de tres días. Es un ejemplar que observaba por vez primera

Durante las fuertes nevadas y lluvias invernales, los gatos monteses buscan lugares donde refugiarse de las inclemencias pero a pesar de ello son momentos difíciles en los que su vida está en juego. La humedad hace que su temperatura corporal disminuya y si las reservas energéticas son escasas en ese momento puede que no sean suficientes para generar calor.

Macho de gato montés descansando en un "tsindón", donde la cobertura nival es menor, tras una jornada de caza.

No obstante un verano tras otro los gatos monteses superan las inclemencias y se reproducen dando paso a la siguiente generación de felinos salvajes de la Cordillera. Un saludo y espero que os haya gustado la entrada.

sábado, 28 de septiembre de 2013

El tejón: Cavador incansable.

Muchos habitantes de nuestras montañas pasan inadvertidos para la mayoría de la gente ya que se mueven como fantasmas entre las matas y los bosques. Sabemos que están ahi gracias a unas huellas en el barro, una letrina junto a un tronco o lo peor de todo, algún ejemplar muerto en una de las múltiples carreteras que surcan el país y en las que mueren cientos de animales cada año. Bajo mi punto de vista son dos las especies de carnívoros ibéricos las más complicadas de ver a plena luz del día: el tejón (Meles meles) y la gineta (Genetta genetta). La gineta es escasa en la Cordillera y si aparece lo hace en las zonas más cercanas a la costa cantábrica o al llano castellano. El tejón sin embargo es una especie relativamente abundante y que a pesar de su densidad es complicado de observar con detalle antes de que la noche de apodere de todo.

. Tejón asomado a la tejonera en un atardecer veraniego (extracto del video que muestro más abajo)

Ya tuve un encuentro con esta especie en una tarde de finales de invierno en plena Cordillera Cantábrica, mientras el melandro se entretenía buscando lombrices en un prado. Para recordarla pinchad AQUI. Sin embargo la forma más "sencilla" (y lo entrecomillo ya que hablando de este tipo de especies nada es sencillo) de observar un tejón de día es mediante esperas en tejoneras, que es un método utilizado de forma tradicional para la elaboración de censos de la especie en toda Europa. El amigo Juan dedicó muchas horas a la realización de esperas en tejoneras y seguimiento de la especie y lo explica muy bien en ESTA ENTRADA de su blog.

Hace algunos años había intentado hacer alguna espera en tejonera pero en zonas abiertas, sin vegetación, donde la claridad tarda más tiempo en irse y en principio el tejón retrasa su salida. Pero al fin, este año buscando cuernas de ciervo en primavera en una avellaneda cantábrica descubrimos una tejonera en entorno forestal lo que podría aumentar las probabilidades de éxito de cara a observar al mustélido. La madriguera se encontraba bajo una enorme roca caída hace siglos desde el peñasco ubicado cientos de metros más arriba. La tejonera parecía ocupada, ya que la tierra dispuesta en las bocas era fresca al igual que los excrementos depositados en la letrina cercana. Era cuestión de esperar a Julio cuando los días son largos y los tejones comienzan su jornada nocturna cuando todavía hay algo de luz para llevar a cabo el aguardo.

Una de las primeras cosas que hacen los tejones al abandonar su agujero es olfatear el entorno para detectar cualquier elemento extraño que pueda haber cerca de la tejonera. En caso de encontrarlo no saldrá de la tejonera hasta pasadas unas horas o incluso en toda la noche. PINCHAD AQUÍ para ver un claro ejemplo de lo que puede suceder si un tejón detecta algo extraño al salir de la tejonera. Por eso la espera ha de hacerse a una distancia a la cual el minimicemos el riesgo de ser olidos por el tejón. Hay que recordar que el tejón es una especie eminentemente olfativa ya que tiene muy mala vista y por ello no hay que subestimar su capacidad de olernos. Nunca hemos de acercarnos a la entrada de la tejonera ya que dejaremos nuestro olor y esto puede hacer que el tejón se busque otro agujero o bien salga del suyo bien entrada la noche. A continuación os muestro un video compuesto de las imágenes obtenidas en una de estas esperas en un atardecer neblinoso de mediados de Julio. Para disfrutar del video recomiendo verlo a pantalla completa y en HD. Para ello pinchad donde pone VIMEO y una vez abierto el video marcad el icono de HD. Espero que os guste!


Como podemos observar en el video, el tejón olfatea el medio un par de veces nada más salir de la tejonera levantando la cabeza y en algunas ocasiones cerrando los ojos, evitando así las posibles interferencias entre los diferentes sentidos. Una vez se ha cerciorado de que el entorno es seguro, se dirige hacia la letrina para depositar sus excrementos y marcar el territorio gracias a unas glándulas ubicadas junto al orificio anal. Después se dispone a acondicionar y limpiar el interior de su tejonera, no sin bostezar en alguna ocasión. Para ello entra y sale en numerosas ocasiones de la hura acarreando tierra al exterior. Durante el proceso forma un surco en la tierra extraída que permite diferenciar la entrada de una tejonera de la de una zorrera por ejemplo. Los tejones son mustélidos que suelen albergar bajo su denso pelaje a numerosos ectoparásitos y por ello la limpieza de la tejonera y de su propio pelaje (como se observa en el video) son básicos. He llegado a leer que algunos individuos abandonan alguna de las tejoneras por la gran cantidad de parásitos que pueden albergar y que hacen practicamente imposible el dormitar en ellas durante el día. Mientras el tejón trabaja limpiando su hogar, la luz va disminuyendo hasta caer la noche, momento en que el tejón se alejará de la tejonera para buscar alimento durante la noche y regresando a la misma antes del amanecer. Espero que os haya gustado la entrada, disfrutad del video y un saludo.

domingo, 25 de agosto de 2013

Pito negro: El renacer del blog!

Pues por fin después de mucho tiempo sin actualizar el blog por diversos motivos me comprometo a tenerlo más al día que nunca a partir de ahora, no sin antes pedir mil disculpas a aquellos seguidores a los que he mantenido hambrientos tanto tiempo (que seguro que no son muchos). Aparte del lío universitario de máster, trabajos, proyectos y demás una de las causas por las que no actualizaba el blog era por no disponer del equipo necesario para procesar los videos en alta definición que grabo utilizando la reflex o bien una videocámara. Pues bien, ese equipo ha llegado y por fin puedo ponerme a montar videos como Dios manda de todo aquello que fotografío asi que seguramente a partir de ahora cada entrada irá acompañada de un video en condiciones. Procedo entonces con la entrada de hoy.

Siempre que pensamos en animales misteriosos, esquivos y tímidos nuestra mente nos traslada inevitablemente en la mayoría de casos a un entorno forestal. Un lugar donde el sol sale más tarde y se pone antes, donde las sombras de las hojas se confunden con seres fugaces que se escabuyen entre el ramaje. Los bosques son lugares en los que apetece perderse y sentarse a escuchar. Y es así, sentado en la masa boscosa como poco a poco iremos detectando la actividad de los moradores de estos lugares. Nos vienen a la mente osos, lobos o urogallos. Sin embargo también son lugar para animales menos emblemáticos como la salamandra rabilarga, el caracol de Quimper, la rosalía alpina, martas, agateadores o lirones. También por supuesto para el gran carpintero de nuestras montañas, el pito negro (Dryocopus martius).

Hembra de pito negro (Dryocopus martius)

Ya dediqué hace tiempo una entrada al blog a esta especie en la que mostraba mis primeras fotografías de la misma. Sin embargo esta vez fue diferente, por lo bien que se portó la pareja de pito negro, por la zona en la que están fotografiados y sobre todo por observar tan de cerca el oscuro plumaje y el pico marfil del picamaderos. A finales de invierno, principios de primavera los bosques permanecen desnudos en la Cordillera y es el mejor momento para detectar la presencia del píccido ya que canta de forma insistente alterado por el celo y lógicamente su avistamiento es más sencillo por la ausencia de follaje. Sin embargo, tras las cópulas y la elaboración del nido los carpinteros se vuelven silenciosos y fugaces. Sombras de ese bosque descrito al principio con el fin de no delatar la ubicación de la que será una nueva generación de pitos negros.

Macho de pito negro posado en la horquilla de un haya en un bosque cantábrico.

Escasos son los pitos negros en esta zona concreta de la Cordillera, por ello es importante la detección de las zonas de alimentación y reproducción. Para ello han de conocerse las señales básicas de la especie como grandes hoquedades en árboles putrefactos, muy necesarios para el desarrollo de larvas xilófagas de las que se alimenta la especie, o bien la detección mediante escuchas del canto de la especie. Es precisamente de esta forma como se elaboran la mayoría de censos de la especie en nuestro país, aunque afinando más se realizan mediante reclamo. El ornitólogo emite el reclamo de la especie a la espera de recibir una o varias respuestas y estimar el número de ejemplares, territorios, etc. en función del tipo de estudio. El canto más común del pito negro no recuerda demasiado a los demás carpinteros ya que parece más bien el chillido de una rapaz. Otro de los sonidos más comunes de la especie es el que emite en vuelo, una especie de cru-cru-cru bastante inconfundible.

Macho de pito negro sobre un haya.

Machos y hembras se diferencian, como se aprecia en las fotografías, por la ubicación de la mancha roja sobre su cabeza (píleo). La hembra presenta unicamente la parte posterior mientras que el macho tiene toda la cabeza en su parte superior. Recuerda a un cardenal, con el plumaje negro y el capirote colorado. De hecho recibe este nombre vernáculo en alguna zona de la montaña leonesa. Ambos alimentan a los pollos durante su crecimiento con invertebrados ,generalmente xilófagos, que encuentran en los alrededores del nido. Aprovecho para introducir aquí un apunte y es la especial y rigurosa precaución a la hora de fotografiar nidos. Jamás ha de anteponerse la foto al animal y es por ello que fotografiar nidos en periodo de incubación o bien con los pollos muy pequeños puede implicar el abandono del mismo, por tanto totalmente prohibido hacerlo. Estas fotografías están realizadas con los pollos crecidos, un par de días antes de que saltasen del nido y comenzasen su vida como adultos.

Macho de pito negro reclamando.

La escasez de luz en lo profundo del hayedo dificulta la toma de fotografías de la especie ya que obviamente no es prudente utilizar flash por las molestias que conlleva. Macho y hembra normalmente se alternan para alimentar a los pollos. Ya podemos diferenciar el sexo de los mismos desde que son pequeños ya que presentan los colores del píleo diferenciadores. Mientras los progenitores se ausentan en busca de comida, los pollos ya crecidos se asoman a la hoquedad horadada profundamente por sus padres. Una ventana a lo que será su futuro hogar. Un mundo de humedad, oscuridad y jugosas larvas. Dicho así no suena muy apetecible, sin embargo no hay sensación comparable a la de la inmensidad de un bosque cantábrico. Mientras están asomados emiten diferentes sonidos carraspeantes que se tornan agudos en cuanto detectan la presencia de uno de sus padres, amocionados por la llegada de alimento. Un día abandonarán el nido, pero regresarán cada noche a dormir a la seguridad del mismo durante un tiempo. No se aprende a ser el mayor pájaro carpintero de Europa de la noche a la mañana.

Hembra de pito negro cebando a uno de los pollos.

Reflejo del movimiento frenético de la cabeza de la madre al cebar al pollo.

Como dije antes a los pocos días de la realización de estas fotografías los pollos saltaron del nido y revoloteaban en el entorno del mismo mientras sus padres seguían cebándolos. Había sido criada con éxito la siguiente generación de grandes carpinteros. Lo de grandes es más que cierto ya que si algo sorprende la primera vez que se ve al animal es su tamaño. Acostumbrados a picapinos y pitos reales, el tamaño del pito negro, semejante al de una corneja, impresiona. He elaborado un pequeño VIDEO de algo más de un minuto de duración con imágenes de las sesiones que invertí en esta especie. Os recomiendo verlo en HD y a pantalla completa ya que gana bastante. Pinchad AQUI para verlo. De todas formas aquí os dejo el enlace: https://vimeo.com/73032769



Imponente silueta del pito negro. Se aprecia el grosor del potente pico preparado para horadar troncos.

Espero que os haya gustado la entrada. Un saludo!

viernes, 14 de diciembre de 2012

El invierno del zorro

El invierno es una época difícil para la gran mayoría de especies que habitan en la Cordillera. Las temperaturas son bajas, las ventiscas abundantes y el alimento disponible es de más difícil acceso al encontrarse bajo varios centímetros de nieve. Este es uno de los motivos por el que muchas de las especies animales que crían en nuestras latitudes nos abandonen en otoño, ya que el motivo principal de dichos desplazamientos es la búsqueda de zonas con disponibilidad de alimento. No obstante otros visitan nuestra península desde tierras norteñas por el mismo motivo en la época invernal.

Aparte de todos estos viajeros, muchas otras especies permanecen con nosotros a lo largo de todo el año, es por ello que han de estar preparados para cualquier situación y tener capacidad para sobrevivir a las condiciones más desfavorables. Uno de estos animales es el zorro rojo (Vulves vulpes) uno de los carnívoros más representativos y abundantes del Reino Holártico. Como buen cánido destaca por su capacidad de adaptarse a diferentes ambientes y condiciones. Tal es dicha facilidad que nos encontramos zorros desde los ecosistemas mediterráneos hasta Alaska o Siberia.

Zorro (Vulpes vulpes) buscando alimento en un prado nevado.

Por todos es conocida la astucia de este animal, que suponía un quebradero de cabeza para todos aquellos que tuviesen gallinas entre sus animales de granja. Los zorros buscaban siempre la forma de entrar en el gallinero y conseguir algo de alimento. Sin embargo la capacidad de supervivencia de este animal va mucho más allá.

Zorro rojo sobre la nieve.

En invierno cuando los montes de nuestra Cordillera se cubren por un espeso y frío manto de nieve, estos animales han de ingeniárselas para poder alimentarse. Los zorros son animales omnívoros por lo que aprovechan todo lo que puedan encontrarse, sin embargo la energía aportada por un topillo o cualquier micromamífero es mucho mayor que la aportada por un fruto de las mismas dimensiones. El zorro ha desarrollado una técnica de caza para poder acceder a dicho alimento bajo la nieve. El cánido se desplaza sobre la nieve utilizando las orejas como pequeñas parabólicas en busca de algún indicio de roedores bajo la nieve. Es entonces cuando escucha un sonido bajo la blanca capa, posiblemente un roedor mordisqueando alguna herbácea o bien desplazándose por los túneles que elaboran bajo la nieve. Entonces el zorro se para en seco y comienza a intentar ubicar a la presa con precisión bajo la nieve. Para ello ladea la cabeza a un lado y otro tratando de determinar la posición de su posible presa.

Zorro ladeando la cabeza para conocer con exactitud la posición de su presa bajo la nieve.

Una vez que la localiza comprime sus patas posteriores adoptando un estado de tensión previo al ataque final. Mientras lo hace mueve las orejas para no perder la pista del roedor. Es entonces cuando se libera la tensión acumulada en las patas y el zorro salta de forma vertical cogiendo así la velocidad suficiente para atravesar la capa de nieve y alcanzar al micromamífero.



Secuencia de salto del zorro en la nieve.

En la rápida caída el zorro impacta con la nieve ligeramente helada en la noche anterior y desciende de forma vertical hasta alcanzar al roedor con sus fauces. La verdad que es que en la hora que estuve observando a este ejemplar el éxito fue sorprendente ya que de unos 7 lances consiguió alimento en 5. Resulta increible el ver como el zorro sabe donde se encuentra su presa sin verla tras un telon de unos cuantos centímetros de espesor.

Zorro atravesando la capa de nieve en la caída.

Una vez alcanzada la presa la retira de la profunda capa de nieve y se alimenta de ella tranquilamente en la superficie para rápidamente continuar buscando pequeños mamíferos y consiguiendo reservas para los duros días que pueden venir. Pinchando aquí podéis ver un video gráfico con lo que os acabo de explicar, en este caso con un ejemplar de Yellowstone en Estados Unidos. Cómo podéis ver las cosas extraordinarias no sólo suceden en los documentales, muchas de ellas tienen lugar más cerca de lo que imaginamos. Hay que tener en cuenta que el invierno es la época de celo de los zorros y el desgaste en los mismos se incrementa. Por ello cualquier fuente de alimento es bienvenida en estos momentos.


Zorro alimentándose de un micromamífero capturado bajo la nieve.

Sin embargo a pesar de que el aporte proteico que obtiene de la carne es mayor que cualquier otro, el zorro no desperdicia nada que pueda encontrarse y que le suponga algo de energía, por poca que sea. Hay varias especies de rosaceas con frutos durante el invierno, tal es el caso del rosal silvestre (Rosa canina), el espino albar (Crataegus monogyna) o el serbal de los cazadores (Sorbus aucuparia). Aparte de ser utilizadas como fuente de alimento por muchas especies de aves tanto residentes como migratorias, son una buena despensa para los mamíferos de mediano tamaño que han de afrontar el invierno como el zorro o la marta.

Zorzal real (Turdus pilaris) alimentándose en un majuelo o espino albar (Crataegus monogyna)

Es fácil encontrar excrementos de zorros o martas de un color naranja intenso y cargados de pepitas de los frutos. El pasado fin de semana pude ver como un joven zorro se alimentaba de escaramujos, es decir, los frutos del rosal silvestre, en una zona derretida en la Cordillera Cantábrica. El animal pacía sin apenas levantar la cabeza de los rojos y brillantes frutos.

Joven zorro alimentándose de escaramujos.

El zorro ha sido capaz de adaptarse a las más duras condiciones en un territorio como la Cordillera Cantábrica y año tras año lucha por salir adelante y tener una prole a la que alimentar en primavera asique sólo nos queda desearle lo mejor.
Un saludo y gracias por visitar el blog.

Zorros en celo.

domingo, 11 de noviembre de 2012

La perdiz pardilla

En las zonas altas de la Cordillera Cantábrica, donde es difícil toparse con formaciones boscosas a excepción de algún que otro abedul, vive uno de los tesoros de la cordillera cantábrica, la perdiz pardilla. De tamaño algo menor que la perdiz roja y con características morfológicas más que evidentes, esta gallinacea de tamaño medio vive en los piornales de la montaña cantábrica y campea en los campos de genciana y entre las arandaneras.

Perdiz pardilla (Perdix perdix hispaniensis) adulta entre las arandaneras otoñales.

Es un ave bastante escurridiza ya que suele quedarse quieta hasta que practicamente estás encima suyo, momento en el que levanta el vuelo. Eso siempre que no haya apeonado rápidamente entre el intrincado laberinto de piornos y escobas. En mi tierra reciben el nombre de pardas o patiamarillas (en contraposición a las patirrojas). Es una especie a la que tengo especial cariño, como todas aquellas que implican cierta dificultad a la hora de fotografiarlas en libertad, y sobre todo aquellas especies que implican un valor documental a la hora de ser tomadas. Me explico. Fotografiar una gran rapaz como el águila real requiere muchas horas de campo y un trabajo intensivo para ganarse la confianza del animal, sin embargo son muchas las fotografias de águilas reales tomadas en la Península Ibérica. Fotografiar una perdiz pardilla también requiere su tiempo y tiene el plus de existir poco material de la especie en la Cordillera Cantábrica. Considerando además que las perdices pardillas de la península corresponden a la subespecie Perdix perdix hispaniensis, adquieren un valor documental que pocas veces es valorado en las fotografias.

Juvenil de perdiz pardilla.

Esta especie es uno de los grandes olvidados por muchos. Es una especie relicta de la Península Ibérica con unas características peculiares con respecto al resto de pardillas europeas. Las de nuestro país han escogido las zonas altas y montañosas de matorral alternado con pastizales de montaña para subsistir, mientras que las europeas son típicas de los cultivos, de forma análoga a Alectoris rufa en nuestro país. Es importante por el valor endémico, asi como por la peculiaridad de su hábitat y sin embargo apenas he encontrado trabajos acerca de la misma en las bases de datos digitales, al menos en la Cordillera, si que hay algun trabajo en Pirineos. Es precisamente en Pirineos donde se puede cazar la especie. En la Cordillera cantábrica está prohibida su caza, lo que no significa que no se cace. La perdiz pardilla habita preferentemente por encima de los 1600 metros. En más de una ocasión se caza perdiz roja por encima de esa cota y pocas veces se comprueba la especie que ha levantado estrepitosamente antes de apretar el gatillo y esparcir los perdigones. Suele ser cuando la pieza ha caído cuando más de uno comprueba que lo que ha matado es una parda y no una roja. Ante esta situación la perdiz muerta suele quedarse en el monte y cuando se la llevan a casa, procuran esconderla.
La solución a este problema es tan simple como no permitir la caza de perdiz roja por encima de los 1600 msnm, de esta forma se minimizan los riesgos sobre la perdiz pardilla.

Juvenil de perdiz pardilla.

Esta especie también sufre el problema de otras muchas especies que utilizan los pastizales de montaña para vivir (la liebre de pironal por ejemplo) y es el abandono de usos del campo. Cada vez hay menos ganadería en las regiones donde habita la pardilla, lo que propicia una homogeinización del hábitat, hecho que no favorece nada a la especie ya que escoge mosaicos de matorral y pastizal combinando zonas de refugio y alimentación. La poblaciones han disminuido en las últimas décadas sobre todo por las 2 causas mencionadas (el abandono del campo y la caza). No obstante la provincia de León cuenta con la mejor población de perdiz pardilla de la Península Ibérica, distribuyendo sus efectivos entre el suroccidente (Montes de León, Cabrera...) y la franja norte desde los Ancares hasta Picos de Europa.

Perdices pardillas en otoño.

En esta época del año y hasta la primavera, las perdices pardillas forman grupos familiares, normalmente compuestos por una pareja de adultos y sus pollos. Al llegar el invierno puede que se junten varios bandos llegando a contabilizar hasta 20 ejemplares juntos. En las fotografías aparecen individuos adultos y juveniles. En otoño, los pollos comienzan a coger la pluma de adulto y la diferencia más visual es el color del pico, siendo color marfil o acerado en los adultos mientras que es todavía oscuro en los pollos. Las fotografías fueron tomadas a unos 1750 msnm en una zona que alternaba arándano con pastizal. Las perdices jóvenes se alimentaban tranquilamente bajo la atenta mirada de sus padres que también aprovechaban para alimentarse de vez en cuando.

Ejemplar adulto de perdiz pardilla vigilando mientras los pollos se alimentan en primer plano.

Es alucinante como estas aves aguantan los duros inviernos en la montaña cantábrica. Cuando las nevadas son copiosas suelen buscar zonas húmedas proximas a arroyos donde la nieve dura menos para alimentarse. No obstante las ventiscas y las heladas hay que aguantarlas. Mi padre siempre me cuenta la historia de un bando inmóvil de perdices soportando un ventisqueo invernal. También recuerdo la historia de un cazador que abatió una pardilla blanca hace muchos años en los montes de Alto Sil, aseguraba que era pardilla por encontrarse con más ejemplares de coloración normal.

Juveniles de perdiz pardilla.

Es una especie con una belleza especial cuando se observa tranquilamente. El naranja de su cara contrastado con el gris azulado de su cuerpo, las manchas marrones en sus alas, el color críptico en su dorso y la parte baja del pecho blanca con una mancha oscura en forma de herradura. El problema es que pocas veces pueden observarse así y es volando como debemos de fijarnos en detalles como las plumas rojizas de derecha e izquierda de la cola.

Parda adulta.

Mientras observaba a las perdices, uno de los ejemplares adultos siempre solía permanecer alerta y ante el mínimo indicio de pelígro como una extraña silueta en vuelo, emitia un suave chasquido y todas las perdices se pegaban al suelo para pasar desapercibidas. La verdad es que las plumas marrones barradas del dorso cumplen una buena función de camuflaje. Ante una amenaza terrestre suelen caminar lentamente con ligeros movimientos secos de la cola arriba y abajo para avisar a los demás cuando la distancia es prudencial y cuando se rebasa la distancia umbral de seguridad corren a refugiarse en el monte bajo. Levantan el vuelo si se ven sorprendidas a poca distancia.

Perdiz pardilla adulta.

Es bueno que la gente conozca a esta especie, que comience a ser uno de los iconos de la cordillera y que se venga a la cabeza al hablar de la misma igual que pueden hacerlo el oso y el urogallo. Fueron varios los días que busqué a las pardas y varios los grupos que pude observar, algunos más confiados que otros. Unos en zonas más abiertas y otros más tímidos y precabidos entre los piornos y es que al final los animales no responden todos a un mismo patrón, igual que las personas.

Perdiz pardilla juvenil.

Esta es una especie que siempre pongo de ejemplo cuando sale el tema de la gente que busca rarezas apasionadamente. Cada uno disfruta del campo como quiere, buscando momentos únicos, especies emblemáticas, especies raras o simplemente tachando nombres en una lista. Recomiendo a toda la gente que se vuelve loca buscando aves americanas divagantes en la península, que piense un poco en lo que tiene cerca de casa y disfrute más de ello, siempre por supuesto desde el respeto. Seguramente le resulte gratificante. Esto es todo por hoy. Espero que os haya gustado la entrada y un saludo.

Perdiz pardilla adulta en una campera entre piornos.