jueves, 9 de octubre de 2014

Habitantes del matorral I.

Hola a todos. Mucho tiempo sin actualizar el blog pero sin embargo muchas entradas en la recámara por lo que espero ponerme en serio y actualizar más a menudo ya que sois muchos los que me habéis dicho que ya iba siendo hora. Como sabréis soy dado a realizar extensas entradas en lugar de breves y eso hace que en algunas ocasiones sea complicado organizar el material obtenido y que otras veces esperes a fotografiar una especie concreta para lanzarte con la redacción de la entrada. No obstante creo que voy a alternar alguna entrada extensa con otras más breves para dar algo más de vidilla al blog y no decepcionar a aquellos que esperan la actualización del mismo (que aunque sean pocos, alguno hay). Otra novedad es que he decidido añadir una marca de agua extra en las fotografías ya que cada día son más las fotografías que me encuentro por la red habiendo borrado mi nombre, o tomadas prestadas sin ni siquiera preguntar. No me enrollo más y ahi va la actualización.

Hoy comienzo con una entrada que va a estar dividida en dos partes dado que si fuese una sola sería demasiado extensa. En ellas voy a hablaros de la vida que albergan unos de los ecosistemas que pasan desapercibidos para la mayoría y que a simple vista parecen agrestes y desprovistos de vida alguna. Son los piornales, escobales y brezales cantábricos, a los cuales podríamos hacer referencia como ecosistemas de matorral. Por encima del límite forestal y sin llegar a las cotas de los ecosistemas alpinos encontramos este tipo de formaciones vegetales que a priori resultan monótonas, aburridas y homogéneas pero que sin embargo sirven de refugio a multitud de especies que los escogen para criar, cazar o bien esconderse durante las horas más calurosas del día.

Formación típica de matorral que incluye brezo (Erica australis) y piorno (Cytisus sp.) en una mañana neblinosa de verano.

Lógicamente en todo momento me refiero a los matorrales que surgen de forma natural y que supondrían la etapa climax en la sucesión vegetal correspondiente. Me explico, existen matorrales en zonas bajas ( prados abandonados, zonas quemadas, etc) que son simplemente una etapa más en la sucesión hacia la etapa climácica, por ejemplo al abandonar una zona de pasto en el valle lo primero que obtendríamos sería un pastizal, posteriormente una formación matorral y finalmente la sucesión culminaría en un bosque (que en este caso sería la etapa clímax). Sin embargo en las zonas de media-alta montaña el matorral sería la etapa climáx, es decir, no evolucionaría más allá de el estado de matorral. Son este tipo de formaciones matorrales las que albergan mayor diversidad dado que al ser una etapa culminante de una sucesión existen multitud de especies que han sabido adaptarse a las mismas.

Formación típica de matorral con dominancia de piornal.

Las especies vegetales que nos encontremos en cada zona dependerán de diversos factores pero en general el tipo de suelo (siliceo o calizo) será el más determinante. Por ejemplo, en suelos siliceos es típico el arándano (Vaccinium myrtillus) mientras que en suelos calizos es típico el enebro rastrero (Juniperus communis). Si observáis detalladamente las fotografías veréis que en el fondo estos ecosistemas no son tan homogéneos como parecen ya que en el medio de los mismos pueden aparecer canchales, turberas, camperas o alguna mata de abedules en una zona protegida que favorece su aparición y es precisamente esta estructura en mosaico lo que favorece la diversidad. Vuelvo a repetir por si no ha quedado lo suficientemente claro que este tipo de formaciones surgen de forma natural, no quiero escuchar barbaridades del estilo "Hay que prender fuego que sino no hay matorral y se extinguen las pardas" o "Las explotaciones al cielo abierto vienen de lujo ya que posteriormente surge matorral y beneficia a muchas especies". Este tipo de afirmaciones son burradas inabarcables por ninguno de los campos de la ciencia.

Límite superior de la zona de matorral con una cota de 2000 msnm

Multitud de aves, mamíferos e incluso anfibios y reptiles (dejando a un lado los numerosísismos invertebrados) escogen las formaciones de matorral como su hábitat típico o bien como una zona importante dentro de su ciclo vital. En la entrada de hoy nos centraremos en las aves. Lo que para nosotros supone un muro infranqueable como puede ser un piornal maduro de la Cordillera, para un pájaro de pequeño tamaño supone un bosque en miniatura donde anidar y encontrar alimento. De hecho muchas aves típicas del matorral nos recuerdan a ratones en sus correrías por el suelo en busca de comida.

Acentor comun (Prunella modularis)

Una de las aves más comunes en estos ambientes es el acentor común (Prunella modularis). Reclamando en el pico de un piorno o una escoba de forma insistente es fácil localizarlo. Cada macho tiene su territorio y lo defiende fieramente de cualquier intruso de su misma especie persiguiéndose rápidamente entre los matojos. Además podemos observarlo en los límites entre el matorral y la campera alimentándose en el suelo de pequeños invertebrados. En general utiliza espesos matorrales para construir su nido y deposita en el mismo varios huevos azules, esto hace que en muchas zonas de la Cordillera se le llame azulina, azuleja o azulejina.

Pechiazul (Luscinia svecica) cantando en el pico de un piorno en la Cordillera Cantábrica.

En general las aves de este tipo de ambientes son de tonos pardos y discretos. Supongo que para no llamar demasiado la atención de posibles predadores en zonas tan abiertas. Sin embargo, con todas ellas contrasta una especie que reclama desde una atalaya elevada y cuyo pecho azul brillante destaca entre el verde homogéneo de la tupida vegetación. Es el pechiazul (Luscinia svecica). Esta especie encuentra en la Cordillera Cantábrica un ambiente perfecto para reproducirse escogiendo generalmente laderas orientadas al sur. No significa que sea el único ambiente donde lo podemos encontrar, ya que también ocupa encinares del sur de la provincia de León, como bien puede dar fé de ello Jorge Falagán.

Vista general del pechiazul (Luscinia svecica) cantando en su ambiente típico de la Cordillera.

Pechiazul (Luscinia svecica) cantando con sus plumas revueltas por el viento

Los pechiazules llegan a sus zonas de cría a principios de la primavera y en muchas ocasiones son sorprendidos por nevadas tardías teniendo que refugiarse en zonas más bajas. Además el viento agita los piornos vilmente y estas pequeñas aves suportan estoicamente dichas adversidades. En general, el pechiazul tiene varios posaderos "favoritos" desde los cuales emite su canto para atraer a las hembras y marcar el territorio. Cuando cambia de un posadero a otro despliega sus mejores galas, vuela cantando y batiendo las alas para después dejarse caer lentamente con sus alas y su cola abiertas por completo sobre la frágil rama desde la que seguirá cantando. Su cola presenta una coloración naranja intensa que convierte al display del pechiazul en uno de los más espectaculares.

Pechiazul (Luscinia svecica) con la cola abierta parcialmente para equilibrarse ante las fuertes rachas de viento que azotaban el piorno desde el que cantaba.

Además del llamativo pecho, el interior de su pico es de un amarillo brillante que destaca al ser abierto, de hecho recuerda al color del pico de los pollos de cualquier ave cuando piden comida de forma insistente a sus padres. Este año ha sido especialmente bueno en cuanto a avistamientos de pechiazules ya que en la zona donde los suelo ver cada primavera vi un total de 4 ejemplares. Alguien puede considerarlo una miseria, sin embargo para mi supuso un alegrón.

Pechiazul (Luscinia svecica) cantando a contraluz

Pechiazul (Luscinia svecica) mostrando sus mejores galas

De vez en cuando, entre canto y canto, el pechiazul baja al suelo y busca alimento. Sus movimientos son furtivos y es complicado seguirlo. Contrastan por tanto de forma estrepitosa sus dos comportamientos haciendo que sea un ave que se deja ver perfectamente mientras canta pero que pasa completamente inadvertida mientras busca alimento. Pequeñas larvas, orugas y gusanos fueron las presas capturadas por el ejemplar durante las observaciones.


Pechiazul (Luscinia svecica) con ceba en el pico.

Con colores mucho más discretos ocupan el límite superior de los matorrales aves como los bisbitas alpinos (Anthus spinoletta) o las alondras (Alauda arvensis). Generalmente se alimentan en el suelo y pasan desapercibidas aunque a veces escogen alguna atalaya para emitir su canto. Las alondras y bisbitas en general emiten un canto en vuelo continuo y lleno de gorgoritos mientras se dejan caer desde gran altura para finalmente posarse sobre una roca.

Alondra (Alauda arvensis) posada en un piorno.

Bisbita alpino (Anthus spinoletta) posado en un brezo.

Otro grupo de aves comunes en las zonas de matorral son las currucas. En la Cordillera utilizan estos ambientes principalmente la curruca rabilarga (Sylvia undata), la curruca zarcera (Sylvia communis) y en menor medida la curruca mosquitera (Sylvia borin). La primera casi siempre la he visto asociada a brezales de diferente tipo. La curruca zarcera aparece en multitud de ambientes que van desde los piornales de alta montaña hasta las rosaledas y saucedas de ribera. La curruca mosquitera me ha sorprendido para bien este año por la abundancia de ejemplares detectada. Es una especie que en general pasa muy desapercibida ya que rara vez sale al descubierto. Las zonas de piornal son lugares complicados para el avistamiento, a excepción de las especies que reclaman desde llamativas atalayas. Detecté varias mosquiteras por canto y fue cuestión de esperar. No obstante y como curiosidad, decir que en casi ninguna ocasión utilizaban zonas despejadas para cantar. Se quedaban en zonas intermedias y tupidas y solo eras capaz de ver una sombra moviéndose entre la espesura.

Curruca mosquitera (Sylvia borin) posada en un piorno cantábrico.

Curruca mosquitera (Sylvia borin) posada en un piorno seco.

Curruca zarcera (Sylvia communis) junto a un rosal silvestre (Rosa canina).

Sin embargo el género Sylvia no es el único bien representado en los matorrales cantábricos ya que otro grupo, el de los escribanos, también utiliza estos ecosistemas regularmente para llevar a cabo su ciclo vital. Las tres especies que solemos encontrar en estos ambientes en la Cordillera son el escribano montesino (Emberiza cia), el escribano cerillo (Emberiza citrinella) y escribano hortelano (Emberiza hortulana). Estas aves granívoras (mirando la forma de su pico se deduce fácilmente de que se alimentan) recurren como otras muchas aves a la captura de insectos para cebar a sus pollos, ya que el aporte proteico es mucho mayor. El canto del montesino es discreto mientras que los cerillos y hortelanos emiten un canto bastante estridente e inconfundible y localizarlos es relativamente sencillo en primavera.

Escribano cerillo (Emberiza citrinella) sacudiendo sus plumas.

Escribano hortelano (Emberiza hortulana) cantando en un piorno.

Como muchos sabréis el escribano hortelano es el único escribano ibérico que viaja a África en una maratoniana migración. Esta es una época crítica para estas pequeñas aves que sufren un desgaste increible llegando a volar muchos kilómetros sin posarse en tierra. Además, en el caso del escribano hortelano, ha de añadirse un peligro más, y es que esta especie es considerada una delicia culinaria en algunas zonas de Francia (las Landas y Pirineos Atlánticos) y sigue practicándose la dantesca tradición de capturar en redes a estas avecillas, cebarlas en jaulas y comérselas de una forma primitiva. Hay que decir que a pesar de que esta práctica es ilegal, sigue practicándose. Esto supone que cada año hasta 80000 escribanos hortelanos sean capturados y sirvan de alimento a fartones adinerados, suponiendo el declive de la especie en muchas zonas de Europa. Pinchando AQUÍ podéis ver un video de la barbarie que sigue cometiéndose cada año en el paso migratorio de estas aves por Francia y AQUI como las autoridades intentan combatir esta masacre.




Escribanos hortelanos (Emberiza hortulana) perchados sobre piornos en la Cordillera Cantábrica.

Afortunadamente en nuestro país no existe dicha práctica y los escribanos crían con relativa tranquilidad. En general escribanos hortelanos y pechiazules escogen en la Cordillera las mismas zonas para reproducirse y no es raro observar individuos de ambas especies al mismo tiempo. A pesar de ser menos llamativo que el escribano cerillo, el hortelano me parece el escribano más bonito de nuestra península. La bigotera amarillenta y la cabeza olivacea además del pico rosado le dan una belleza particular.

Ejemplar juvenil de escribano hortelano (Emberiza hortulana)

No solo pequeños pajarillos utilizan los matorrales cantábricos para vivir, sino que el grueso de las gallináceas de la Cordillera desarrollan su ciclo vital o al menos gran parte del mismo en piornales y escobales. Destaca el ejemplo del urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus), cuyas hembras sacan adelante a sus polluelos en lo más enmarañado de los matorrales, evitándo así multitud de predadores y encontrando abundancia de saltamontes y otros artrópodos de los que alimentarse. Además no podemos olvidar las arandaneras que suponen un alimento básico para la especie. Perdices rojas (Alectoris rufa) y pardillas (Perdix perdix hispaniensis) encuentran en los matorrales su hábitat natural, criando en el suelo entre los brezos y alimentándose en los campos aledaños donde crecen plantas como la genciana (Gentiana lutea).

Perdices pardillas (Perdix perdix hispaniensis) alimentándose en invierno en un claro bajo una escoba.

Perdiz roja (Alectoris rufa)

Son muchas más las aves que antes o despues pasan por este tipo de ambientes pero he mencionado las más representativas y las que encuentran realmente su hogar en los matorrales de la cordillera. Espero que haya merecido la pena la espera y pronto la segunda parte de este repaso de la fauna de los matorrales.

lunes, 31 de marzo de 2014

La nutria, experimentada buceadora.

La Cordillera Cantábrica al igual que toda la península contiene gran diversidad de hábitats, los cuales tienen un representante icónico que ha sabido adaptarse de forma magistral a las condiciones de cada uno de ellos. Al hablar de ecosistemas fluviales, el mamífero por excelencia es la nutria (Lutra lutra), sin menospreciar por supuesto al gran olvidado, el desmán ibérico (Galemys pyrenaicus). La nutria puede ocupar cualquier ambiente que contenga una cantidad aceptable de agua y por supuesto alimento. Los ambientes en los que se desenvuelve van desde lagunas de alta montaña, hasta ríos caudalosos, pasando por arroyos, embalses, azudes e incluso estanques urbanos. Además ha recuperado gran parte del territorio que perdió el pasado siglo como consecuencia de la contaminación extrema de los ríos o la persecución por su piel, pudiendo encontrarla hoy en día en prácticamente toda la península. De hecho en diversos viajes he podido observar nutrias desde la costa asturiana hasta Sierra Morena, pasando por Monfragüe. Sin embargo en función del lugar y el medio en el que veamos a la nutria, la dificultad del avistamiento variará, al igual que sus presas e incluso su modus operandi. Esta entrada pretende ser un pequeño recopilatorio de algunos de mis encuentros con la especie.

Nutria paleártica (Lutra lutra) nadando entre la niebla en una laguna de alta montaña

La provincia de León contiene casi 30000 km de ríos, lo que la convierte en uno de los mejores lugares para que la nutria esté presente con unas poblaciones relativamente saludables. No obstante, mi primera observación de la especie no fue en un río, sino en una laguna de alta montaña a unos 1700 msnm. Como todos sabréis, la retirada de las nieves en estas zonas alpinas o semialpinas supone una explosión de vida en la que da la sensación de que todo sucede con prisas. Las ranas bermejas se apuran a realizar sus puestas, los sapos machos forman grandes pelotas en torno a las hembras cegados por su afán reproductivo, multitud de especies de tritones salen de su refugio invernal para sumergirse en el lago y reproducirse... En resumen, gran cantidad de especies se reúnen en estos puntos húmedos con un fin concreto, la reproducción. Normalmente estas lagunas drenan hacia los valles por algún tipo de arroyo que acabará llegando a un río de mayor porte y seguirá su curso hasta el mar. Las nutrias pueden seguir dichos arroyos hasta llegar a las lagunas en determinados periodos del año, normalmente coincidiendo con este momento de abundancia, para alimentarse y posteriormente volver a las zonas medias de los cauces. De hecho si conocéis alguna laguna cercana a vuestra zona de campeo, echad un vistazo a sus orillas ya que no sería extraño que encontráseis excrementos del mustélido. Así fue como la nutria delató su presencia en la zona, por los excrementos. Estos eran frescos e indicaban que la nutria seguía en el lugar. Realizando una espera entre unos piornos a la orilla de pronto apareció. La niebla rozaba la superficie del lago y el campo de visión era limitado, por lo que su movimiento cerca de la orilla no pasó desapercibido. Se aproximó con un sapo en la boca para alimentarse del mismo en la orilla. Todos sabréis que las pieles de los sapos y otros anfibios presentan ciertas toxinas además de no saber demasiado bien. Por ello las nutrias en general pelan a los sapos dándoles la vuelta como un calcetín alimentándose de los músculos y las vísceras.

Imagen de archivo de mi primer encuentro con una nutria. Como veis había capturado un sapo común (Bufo bufo) del que se alimentó.

Los restos de las capturas de los sapos podían encontrarse en algunas zonas de las orillas. A raíz de esto un grupo ecologista denunció que la laguna había sido contaminada con lejía y que los sapos se estaban muriendo. Me enteré de esto cuando un día realizando una espera en la zona una pareja del Seprona me preguntó si sabía algo al respecto. Les dije que podían estar tranquilos que los sapos habían muerto por causas naturales y se fueron aliviados. Una anécdota divertida pero que puso en evidencia a algún que otro supesto grupo defensor de la naturaleza. No obstante tras el periodo reproductivo de los sapos, son numerosos los cadáveres de batracios que aparecen en los lagos a causa normalmente de la asfixia. Los machos se abrazan tan fuerte a las hembras y en tal cantidad que pueden asfixiarlas directamente o bien impedir que salgan a respirar lo que también les causa la muerte.

Otro de mis encuentros con la especie se produjo en invierno mientras barría un embalse en busca de anátidas y demás avifauna acuática. En uno de esos barridos en el centro de la imagen apareció una nutria nadando con la cabeza fuera del agua en la orilla opuesta del embalse. Ya había amanecido hace rato y la especie se dirigía seguramente a su refugio. Las nutrias presentan en general hábitos nocturnos aunque en ciertas épocas o momentos de su ciclo vital pueden aumentar su actividad durante el día. La helada caída la noche anterior se estaba derritiendo y aún quedaban restos de la nevada acontecida pocos días antes. Cuando la nutria alcanzó una pequeña playa nevada, se revolcó y jugueteó con la nieve abriendo la boca y frotando su lomo contra el frío manto. Realmente se apreciaba el disfrute en sus movimientos. Correteó por la orilla hasta desaparecer río arriba. Normalmente las nutrias que viven en ríos pueden hacer recorridos de varios kilómetros por lo que las esperas pueden llegar a ser frustrantes. En zonas como embalses o lagunas donde haya alimento suficiente, sus movimientos pueden ser más limitados con lo que las posibilidades de observarlas a través del telescopio son mayores.

Nutria paleártica correteando por la orilla nevada de un embalse.

Antiguamente la nutria se consideraba una especie indicadora de la calidad de las aguas. Se ha comprobado que esto no es así ya que el alimento de las nutrias no depende directamente de la calidad de las aguas. Si la nutria se alimentase exclusivamente de truchas por ejemplo, estas si necesitan buena calidad de aguas y por tanto las nutrias también. Sin embargo la dieta de las nutrias incluye especies que pueden vivir en aguas sucias como las carpas o los cangrejos americanos, por lo que el factor que limita realmente la presencia de nutrias es la disponibilidad de alimento. Al contrario que la nutria, el desmán ibérico si que es buen indicador de calidad de aguas ya que se alimenta de larvas de ciertos macroinvertebrados que necesitan aguas limpias para vivir y desarrollarse.

De hecho, seguramente estéis al tanto de la familia de nutrias que ha escogido un parque urbano asturiano como hogar, el cual podemos afirmar que no presenta las aguas más cristalinas del mundo. Este grupo de nutrias ha desatado la polémica en la ciudad ya que se ha alimentado de los recursos que el parque les ofrecía, los cuales varían desde las numerosas anguilas que ocupan los estanques, hasta alguno de los patos exóticos alicortados. Parece ser que muchas personas no están de acuerdo con que existan nutrias en el parque ya que se comen algún que otro pato o ganso de la colección. La gran cantidad de patos que se alimentan en el parque lo hacen, entre otras cosas, de algas de los estanques e incluso de hierba de la orilla y no veo que nadie ponga el grito en el cielo. Que una nutria se alimente de una anátida alicortada es igual que si un pato se alimenta de un alga, ambos ejemplos son un escalón más en las pirámides tróficas de cualquier ecosistema, teniendo en cuenta que el pato alicortado presenta una deficiencia en el vuelo ocasionada por el hombre. El problema es que las algas no despiertan la simpatía del gran público ya que Disney no ha hecho ninguna película sobre ellas. No se si os lo estaréis preguntando pero los patos están alicortados por tratarse de especies exóticas con un potencial invasor, lo que supone que han de estar alicortados para evitar que dejen el parque y se reproduzcan fuera. Esto no siempre se ha cumplido ya que han sido vistas en muchas ocasiones algunas de las aves exóticas del parque volando frente a la costa fuera del recinto del parque.

Una de las nutrias "urbanas" de Gijón.

Este parque era un importante lugar de invernada de aves acuáticas como porrones moñudos o europeos. Sin embargo desde hace unos años el número de aves que invernan en el parque ha ido disminuyendo por diversas causas, todas ellas ajenas a la presencia de nutrias. No obstante el argumento de que las nutrias son la causa de dicho descenso es blandido fieramente por más de uno, lógicamente sin ningún tipo de criterio. AQUÍ os dejo un artículo escrito de forma magistral por David Álvarez y AQUÍ otra entrada al respecto realizada por Juan Villar en su blog. Como bien dicen ambos, tener nutrias en un parque urbano es un auténtico lujo que muchos desearían y esto es irrefutable. Además debería suponer una alegría ya que la cuadrícula de Gijón era de los pocos lugares de asturias que hasta hace poco no contaba con la presencia de nutrias. Podéis además firmar AQUÍ para apoyar a las nutrias en esta dura lucha.

Vista de la boca y los bigotes de una de las nutrias de Gijón.

Como veis en las fotografías las nutrias cuentan con unos importantes bigotes o vibrisas que utilizan para localizar a sus presas en aguas turbias. Además su musculosa cola, sus patas palmeadas y su pelo, la convierten en un compendio de adaptaciones para la vida acuática. Durante mi visita a Gijón en el mes de octubre para observar las nutrias estas capturaron únicamente anguilas, de las cuales se alimentaban protegidas en alguna de las islas de los estanques. En el siguiente video podéis ver como la nutria se come a una anguila europea. Para verlo en alta definición, pinchad donde pone Vimeo y luego, una vez en la página, en el icono de HD.

Nutria paleártica (Lutra lutra) alimentándose de una anguila europea (Anguilla anguilla) from HectorZonaOsera on Vimeo.

A pesar de que el medio en el que mejor se desenvuelven las nutrias sea el agua, estas permanecen más tiempo en tierra firme de lo que puede parecer. Así lo demuestran la cantidad de rastros que podemos encontrarnos tras ligeras nevadas o en caminos ubicados entre humedales. Famosas son las imágenes de una familia de nutrias subiendo una empinada ladera entre una gran nevada en Yellowstone. Sin embargo, el pasado invierno, tuve la oportunidad de observar una escena semejante aquí, en plena Cordillera. Íbamos Ana y yo camino de León con al menos 20 cm de nieve en la carretera, en medio de uno de los múltiples temporales que este año se enlazaron uno tras otro. De golpe Ana vió dos bultos corriendo por un prado enterrándose entre la nieve y , como es lógico ya que no es el típico lugar donde esperas encontrar a este animal, me preguntó apresurada "Héctor, ¿qué c... es eso?". Miro hacia donde apunta su dedo y al principio la silueta de los animales también me descoloca pero no tardo en darme cuenta de lo que se trata. Son dos nutrias que corren por un prado nevado cruzando de una cuenca a otra. Su figura jorobada se encoge y estira al compás de los saltos y pasos que van dando. Dado que siempre llevamos la cámara preparada entre Ana y yo tomamos una serie de fotografías que reflejen el momento. Afortunadamente estas nutrias utilizan una arqueta para cruzar la carretera por debajo, disminuyendo así el riesgo de ser atropelladas, y es que el atropello es, hoy en día, la principal causa de bajas en la especie. Sin duda es una de esas escenas que no te esperas y que hace que cada día sea mas apasionante el salir al campo.

Nutria corriendo por la nieve y enterrándose en cada paso.

Nutria paleártica en medio de una nevada en la Cordillera el pasado invierno.

El centro y sur de la provincia albergan gran cantidad de pequeñas lagunas y humedales que las nutrias también aprovechan. Han sido varias las ocasiones en las que he observado algún grupo familiar de nutrias (un adulto y tres crías en algún caso) nadando en busca de alimento y jugando en alguna de estas zonas húmedas mientras espantan a todas las aves acuáticas a su paso. Las orillas tupidas de sauces se convierten en una zona de difícil acceso para el hombre y por tanto de relax para las nutrias. Además en muchas de estas charcas han sido introducidas especies de pesca que van desde cangrejos (americanos y señal) hasta lucios, haciendo que el abanico trófico sea amplio. Es común escuchar entre los pescadores que el río está plagado de nutrias, que acaban con todo, etc. Incluso en alguna ocasión varios pescadores ubicados en un tramo de 1 km vieron la misma nutria que se desplazó a lo largo del cauce, sin embargo su conclusión fue que se trataba de tres nutrias distintas. En fin, hay de todo, pero la nutria lleva pescando mucho más tiempo que el hombre y por ello su espacio ha de ser respetado. Afortunadamente las nutrias gozan de protección en nuestro país y no puede recurrirse al mismo sistema de erradicación que se aplica a los cormoranes en territorio asturiano.

Nutria nadando panza arriba en un día soleado.

Las nutrias se comunican entre ellas principalmente mediante señales olorosas ya que la mayor parte del año son solitarias a no ser que sea una hembra con sus crías o en época de celo (las nutrias pueden presentar el celo en cualquier momento dependiendo de factores como la disponibilidad de alimento). Este olor lo ubican en sus excrementos o en un fluído secretado por sus glándulas perianales que depositan en rocas elevadas o en las orillas, siempre en lugares donde otra nutria pueda toparse con el. En los excrementos de las nutrias podemos encontrarnos restos no digeridos de sus presas, bien sean escamas de peces o restos de crustáceos.

Joven nutria olisqueando un excremento ubicado en unas rocas llamativas en medio de una zona de alimentación.

Las nutrias son animales que merecen seguir formando parte de la gran biodiversidad que presenta nuestro país, al igual que cada uno de los seres vivos. Disponerse a realizar una espera de nutria y encontrar las rocas mojadas por su presencia 5 minutos antes de tu llegada hacen que sonrías al saber que siguen ahí, aunque a veces sean como pequeños fantasmas escurridizos. Un saludo y espero que os haya gustado la entrada.

martes, 11 de marzo de 2014

I Curso de Fotografía de Naturaleza Aplicado a la Biología.

Pues esta entrada es un poco atípica para lo que suelo hacer en el blog ya que se centran principalmente en la vida de la fauna y flora de la todavía mágica Cordillera Cantábrica. Sin embargo, esta vez merece la pena hacer una excepción ya que me complace presentaros el siguiente curso denominado "I Curso de Fotografía de Naturaleza aplicado a la Biología", el cual impartiremos el fin de semana de 4,5 y 6 de Abril Jorge Falagán, Javi Roces y yo en el Aula Magna de la Facultad de Biología de la Universidad de León.
La biología es una ciencia con un elevado componente visual tanto en su rama ambiental como en la fundamental. Antiguamente cuando un biólogo era además un buen dibujante el éxito de sus estudios era aun mayor y si no poseía dicho don contrataba a un ilustrador que reflejase dibujos de anatomía o bien de especies recién descubiertas. Hoy en día la fotografía es una herramienta que complementa de forma importante la biología así como otras ciencias relacionadas con el medio natural (Ciencias Ambientales, Ingeniería de Montes, Ingeniería Forestal, Agrícolas, etc.) En este curso, que hemos preparado con tanta ilusión, pretendemos mostrar los conceptos básicos de la fotografía así como las diferentes técnicas y tipos de fotografía de naturaleza existentes (hablando desde macrofotografía a fotografía de cualquier tipo de fauna pasando por el paisaje y la fotografía nocturna)
Para obtener la información completa del programa del curso pinchad AQUÍ. Además en dicho enlace, bajando totalmente la página, es donde os podréis inscribir en el curso. Es un curso muy económico y al mismo tiempo muy completo en el que mostraremos técnicas muy utilizadas así como otras más desconocidas para la mayoría de personas.
Cualquier persona puede apuntarse al curso en el enlace que dejé anteriormente tanto universitarios como no universitarios. El número de plazas es ilimitado. Bueno, no me enrollo más y os dejo el cartel del curso así como la información que aperece reflejada en el mismo por si no se lee suficientemente bien en la imagen. Espero que os resulte interesante y os apuntéis, en caso de que así sea, allí nos veremos. Aprovecho además para anunciarlos la nueva web que hemos montado los tres individuos que impartiremos el curso. Su nombre es Norte Salvaje y podéis acceder a la misma pinchando AQUÍ. Daos una vuelta por la misma. Esperamos que también os resulte interesante.


“I CURSO DE FOTOGRAFÍA DE NATURALEZA APLICADO A LA BIOLOGÍA”
CURSO DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA

4, 5, 6 Abril 2014

DIRIGE: Prof. Estanislao de Luis Calabuig y Jorge Falagán Fernández. Área de Ecología.

COLABORA: Facultad de Ciencias Biológicas y Ambientales y Universidad de León

Lugar: Facultad de Ciencias Biológicas y Ambientales. AULA MAGNA. Campus de Vegazana s/n. 24007-León.

Inscripción y tasas de matrícula:
Fecha límite de inscripción: 2 de abril de 2014.
Tasas estudiantes y parados: 50 €.
Tasas otros: 60 €.

Unidad de Extensión Universitaria y Relaciones Institucionales
Edificio Rectorado Avd. Facultad s/n 24004 León ulesci@unileon.es
TLF: 987 29 19 61 http://fgulem.unileon.es/euniversitaria/curso.aspx?id=379

Duración y créditos: Duración del curso: 20 horas. Créditos: 2 créditos LEC (1 crédito ECTS).

¿Por qué hacer este curso?:
Los investigadores pasan muchas jornadas de campo observando y muestreando en el medio natural o en el laboratorio. La fotografía es una herramienta para documentar aquello que se observa y existe una necesidad real de conocer las técnicas de fotografía de naturaleza.
El apoyo gráfico es básico para los científicos, siendo usado desde antiguo como una herramienta más en sus trabajos, inicialmente mediante la ilustración científica y desde la aparición de la fotografía cada vez mas esta técnica se usa en guías de identificación, atlas de distribución, artículos científicos y de divulgación.
El curso pretende sentar las bases para utilizar la fotografía de naturaleza como una herramienta para la conservación, gestión y divulgación de diferentes grupos taxonómicos y el ambiente en el que viven.

¿A quién va dirigido?
Biólogos, Ambientólogos, Veterinarios, Ingenieros Agrónomos, Forestales, celadores, naturalistas, fotógrafos etc.

¿De qué hablaremos?
Fundamentalmente del equipo necesario, su uso, técnicas específicas para la fotografía de paisaje, vegetación, macrofotografía, fotografía de fauna (insectos, peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos) técnicas de acercamiento, uso de comederos, bebederos, hides, fototrampeo, fotografía en estudio. Revelado y almacenado de imágenes, salidas y usos

Ponentes:
Jorge Falagán Fernández: Biólogo y fotógrafo de naturaleza. http://huellasybichos.blogspot.com.es/
Héctor Ruiz: Biólogo y fotógrafo de naturaleza. http://zonaosera.blogspot.com.es/
Javier Roces: Licenciado en C. Ambientales, y fotógrafo de naturaleza http://javiroces.es/

jueves, 9 de enero de 2014

Nieve en la Cordillera: Predadores y presas.

La Cordillera Cantábrica es un territorio caracterizado por la dureza de sus condiciones en ciertas épocas del año y el contraste de las mismas con momentos de bonanza y abundancia. A partir del otoño es habitual que los elevados riscos cantábricos amanezcan blanqueados por un frío manto caído durante la noche y de la misma forma son frecuentes las nevadas repentinas a cotas más bajas. A partir de estos momentos comienza una época dificil para la mayoría de herbívoros de nuestras montañas, actuando como un factor de selección que hará que los menos preparados sucumban ante la escasez de alimento y las frías noches. En contraste, las nevadas son momentos de esplendor para los carnívoros que aprovechan la debilidad de sus presas para capturarlas y del mismo modo encuentran frecuentes carroñas en el monte de las cuales dan buena cuenta. Por ello en los momentos de nevadas parece que las relaciones predador presa son más visibles que nunca. En esta entrada narraremos como afrontan las nevadas dos especies presa como el rebeco y la perdiz pardilla y dos de sus respectivos predadores, el lobo y el águila real.

Bando de perdices pardillas (Perdix perdix hispaniensis) compuesto principalmente por individuos juveniles.

La perdiz pardilla (Perdix perdix hispaniensis), a la que ya dediqué una entrada en su momento, es uno de los animales mejor adaptados a las inclemencias meteórologias aquí en la Cordillera. A pesar de que durante fuertes nevadas estas gallináceas se desplacen a cotas más bajas o busquen lugares sin nieve para alimentarse, la fortaleza para resistir los temporales y buscar tanto alimento como protección es ejemplar. Desde finales de otoño a principios de primavera las perdices pardillas forman bandos familiares en los que encontramos una o varias parejas de adultos así como todos los pollos nacidos durante la primavera-verano anterior. El aspecto de estos es, en invierno, prácticamente igual al de sus progenitores, a excepción de pico que luce grisáceo en lugar de blanco acerado.

Bando de perdices pardillas (Perdix perdix hipasniensis) sobre la nieve.

Normalmente las nevadas otoñales son repentinas y hacen que la superficie de alimento a la que son capaces de acceder estos animales disminuya considerablemente buscando zonas próximas a arroyos, terrenos encharcados o protegidos por un gran piorno donde la cobertural nival es menor y por tanto aún existen brotes que comer. Estos lugares además hacen que las pardas sean más difíciles de localizar por posibles predadores que vengan del cielo ya que su plumaje visto desde arriba con un fondo oscuro actúa como un perfecto camuflaje. Sin embargo, una perdiz sobre la nieve sería más fácil de detectar desde el aire.

Dos pardas se alimentan bajo un piorno mientras otro ejemplar vigila su entorno cercano.

A pesar de que su camuflaje actúe bien, las perdices han de estar atentas a cualquier posible predador que pueda caer en picado desde el aire o aceche entre el matorral. Observaba alimentarse al grupo de perdices de forma continua e intensa cuando algunos individuos pegaron su cuerpo al suelo y levantaron la mirada dejando de picotear y emitiendo un pequeño quejido de alarma. Levanté la vista para ver quién era el causante de tal comportamiento y descubrí un joven ejemplar de águila real (Aquila chrysaetos) sobrevolando el lugar. Las perdices permanecieron inmóviles y la real continuó su camino. Es en está época cuando las águilas reales desarrollan sus paradas nupciales con vertiginosos vuelos y picados.

Grupo de perdices pardillas en estado de alerta ante la presencia de un predador alado.

Joven águila real (Aquila chrysaetos) causante de semejante reacción en las pardas.

Normalmente en estas ocasiones son los ejemplares adultos del bando los que emplean más tiempo en la posible vigilancia ante predadores. Hecho lógico ya que son los más experimentados tanto en la detección de los mismos como en la respuesta qua han de llevar a cabo. Es por ello que se ubican en zonas desde donde tengan mayor visibilidad aunque para ello renuncien, en alguna ocasión, al camuflaje.

Individuo adulto de perdiz pardilla en una nevada otoñal en la Cordillera Cantábrica.

Las perdices pardillas ibéricas han sobrevivido únicamente en las cadenas montañosas del norte peninsular por lo que la adaptación a las condiciones de fuertes nevadas es importante ya que les ha permitido soportar las inclemecias en lugares donde son abundantes. Para ellas es más difícil encontrar alimento y al mismo tiempo esconderse de sus depredadores mientras que para estos es más fácil localizarlas y por tanto llevarse algo a la boca.

Perdiz pardilla (Perdix perdix hispaniensis) entre la nieve caída en las montañas cantábricas.

Pasamos ahora a otros protagonistas representativos de la fauna cantábrica como son el rebeco cantábrico (Rupicapra pyrenaica parva) y el lobo ibérico (Canis lupus signatus) especies en estrecha relación y con importancia en nuestras montañas. A mediados de Octubre comienza para los rebecos su época de celo en la cual un macho cuidará de un harén de hembras con las que intentará reproducirse y defenderá de otros machos cercanos. Es uno de los espectáculos más alucinantes de la alta montaña cantábrica ya que resulta increíble admirar las carreras de estos experimentados alpinistas por farallones verticales y en condiciones altamente desfavorables como son la nieve y el hielo. Las persecuciones pueden prolongarse varios cientos de metros o incluso kilómetros para asegurarse de que el macho rival se aleja de las hembras del harén.

Macho de rebeco cantábrico (Rupicapra pyrenaica parva) (arriba a la derecha) acercándose a parte de su harén.

Los machos se acercan a las hembras levantando la cabeza y emitiendo sonidos similares al balido de una cabra. Mediante unos órganos especiales ubicados en su paladar detectan las feromonas de las hembras y conocen de esta forma el estado de las mismas, receptivas o no. En muchas ocasiones los machos atosigan en exceso a las hembras y estas orinan para que el macho detecte una mayor concentración de feromonas y llegue a la conclusión de que de momento no tiene ninguna posibilidad.

Macho de rebeco levantando la cabeza ante la presencia de una hembra.

Hembra apartándose del macho ante la presión del mismo.

Los machos de rebeco tienen un truco para hacer ver a las hembras que sus genes son los mejores y consiste en orinar y agitar su cuerpo de forma que la meana o pincel impregne sus costados de orina. Ante esta situación, si la hembra está receptiva, el macho se vuelve irresistible para la misma.

Macho de rebeco balando.

Macho de rebeco levantado sobre las patas posteriores junto al harén para mostrar su fortaleza.

Al detectar a otro macho en las proximidades comienza la persecución que puede terminar en una mera expulsión de la zona o bien llegar al contacto en el que los rebecos ruedan tras encontrarse, muchas veces enganchados por los cuernos. Es un momento crucial en la vida del rebeco por lo que defienden a sus hembras intensamente lo que supone un gran desgaste físico. Las patas de los rebecos se abren a modo de raquetas impidiendo que se entierren demasiado en la nieve y aportando tracción en las peñas más resbaladizas.

Persecución de machos de rebeco cantábrico.

Si a dicho desgaste le sumamos que la nieve puede llegar a cubrir gran parte de la vegetación de la que se alimentan, el final del otoño se convierte en una época difícil. Cuando el espesor de nieve no es demasiado elevado los rebecos utilizan sus patas para excavar en la misma, como si se tratasen de renos, llegando a la hierba y obteniendo el aporte energético tan ansiado en estos momentos.

Joven rebeco cantábrico apartando la nieve con la pata en busca de hierba que comer.

Los machos de rebeco están centrados principalmente en sus hembras y en otros machos intrusos. Sin embargo un depredador vigila sus movimientos cuando la nieve lo cubre todo. El lobo ibérico (Canis lupus signatus) por lo general aumenta su peso en invierno ya que le resulta más sencillo alimentarse de presas silvestres y encuentra animales muertos de forma natural por el frío o el hambre. Al parecer la unión de los grupos familiares del cánido es máxima en esta época.

Rastro de lobo ibérico en la nieve.

Cuando la nieve lo cubre todo salir al campo tiene un aliciente más y es leer las señales que los animales han dejado en su actividad nocturna. Seguir el rastro saltarín de una marta, el tranquilo caminar de un gato montés o intentar adivinar cuantos lobos trotaron juntos por la zona hace un par de noches es entretenido a la vez que enriquecedor. Afortunadamente lo único que se ve la mayoría de veces de los lobos son sus rastros. Y digo afortunadamente por que si se dejasen ver más probablemente ya no tendríamos lobos. Noticias como la reciente masacre de lobos en Cantabria, que comenta de forma magistral David Álvarez en su blog, hacen plantearse cuan bajo puede llegar a caer la especie humana. Mejor dicho, ciertos sectores de la especie humana ya que yo soy humano y no hago ese tipo de cosas, cosas basadas en la doctrina de "ver quien mea más lejos".

Lobo ibérico (Canis lupus signatus) cresteando por una cornisa nevada.

El pasado mes las incontables esperas dieron su fruto pudiendo contemplar una escena que hace plantearse como puede acribillarse a tiros a un animal así. Un lobo cresteaba bajo los primeros rayos del sol en una montaña cantábrica. Al llegar a un punto elevado decidió tumbarse a pasar la mañana calentándose al sol tras la fría noche de caza y alimentación. Se rascaba alegremente sobre la nieve y sacudía su grueso pelaje invernal. Entonces otro lobo asomó junto al primero que para entonces dormitaba con su hocico sobre la nieve. El recién llegado se estiró y se acicaló. Se tumbó junto al primero y este rodó sobre la nieve disfrutando del frío manto. No me entra en la cabeza que a un cazador se le salten las lágrimas por ver a uno de sus perros abierto en canal por un jabalí y sin embargo sean capaces de pegar un tiro sin dudarlo a uno de estos maravillosos animales.
El siguiente video muestra los comportamientos que acabo de describir. Espero que disfrutéis del mismo como yo disfruté de la experiencia. Para disfrutarlo pinchad en Vimeo y vedlo a pantalla completa y pinchando en la opción de HD.


El lobo ibérico merece disfrutar de la libertad que merece simplemente por existir. Un saludo y espero que os haya gustado la entrada.