miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un año en la vida del gato montés: El verano.

En el momento en que los días aumentan en horas de luz y en temperatura de forma notable, haciendo que lo haga también la longitud de la hierba, sabemos que se está acercando el verano. Época de descanso para la mayoría de personas y en la que podemos dedicar la mayor parte del tiempo a lo que nos gusta.

Rasgos faciales de un macho de gato montés (Felis silvestris) en verano.

Sin embargo, no es para nada la mejor época para observar fauna. La vegetación se torna exhuberante en todos los rincones. Helechos, zarzas, gramíneas, macrófitas y demás plantas, cubren todas aquellas zonas que el resto del año suponen un lugar donde clavar los prismáticos con ciertas garantías de avistar algún animal.

Gato montés entre la vegetación típica de principios de verano en la Cordillera Cantábrica.

Las elevadas temperaturas hacen que la fauna se refugie practicamente todo el día y sea solamente visible, en general, un par de horas tras el amanacer y una hora antes del atardecer. A todo ello hay que sumar que en verano el monte se llena de todo tipo de gente que dejamos nuestro olor en el campo en el más leve de los casos, ya no me meto en las voces, la basura y los colores chillones de los grupos menos respetuosos. Sin embargo a pesar de todo ello la fauna salvaje obviamente no desaparece, sigue ahí viviendo el día a día en la estación del calor. Entre ellos el gato montés (Felis silvestris).

Hembra de gato montés a principios de verano en un ambiente de matorral.

La primavera terminó con los prados llenos de hierba y en algún rincón del bosque las hembras de gato montés tienen escondidos a sus cachorros de un mes. Desde el invierno hasta ahora el pelaje de los gatos monteses a pasado de ser tupido y grueso (a causa de la borra que evita la pérdida de calor del animal) a ser fino, corto y brillante confiriendo a los gatos un aspecto más esbelto, ágil y larguirucho y que en ciertas ocasiones puede recordarnos a gatos domésticos, sobre todo en hembras e individuos juveniles. Sin embargo analizando las características típicas como la raya oscura en el lomo o la cola roma con maza negra en el extremo y algún anillo podemos resolver las posibles dudas que tengamos en la identificación.


Hembra parida de gato montés (Felis silvestris) con pelaje de verano. La cara más achatada en los gatos monteses también ayuda a su diferenciación con respecto a los domésticos.

La hierba es verde intensa a principios de verano y a medida que avanza la estación se va tornando amarillenta y el monte se agosta. Es poco antes de que suceda esto, cuando la hierba es alta y de buena calidad nutritiva cuando se lleva a cabo en la Cordillera un momento importante en la vida del gato montés, la siega. Los prados se llenan de gente con maquinaria diversa (pocos recurren hoy en día a la guadaña) que hará que los prados pasen de ser un mar vegetal en el que es imposible ver nada, a un lugar con hierba rapada en el que es fácil localizar a la fauna.

Hembra de gato montés en un prado a principios de verano con la vegetación exhuberante y verde.

Macho de gato montés en un prado con el verano más avanzado. Las espigas han crecido y los verdes han perdido intensidad tornándose amarillentos.

De la misma forma que es más sencillo para nosotros localizar a los gatos en un prado segado, lo es para ellos localizar a sus presas, por lo que los días posteriores a la siega son un buen momento para la localización de individuos y el análisis de su comportamiento. Resulta curioso que en la mayoría de guías se deja claro que los gatos monteses en general evitan la proximidad a pueblos o zonas urbanizadas. Sin embargo es en los alrededores de los mismos donde se producen gran cantidad de avistamientos en esta época. De forma tradicional en la montaña cantábrica los pueblos se han ubicado en zonas ricas en tierra y agua que asegurasen el cultivo y la crianza de animales para subsistir. Del mismo modo los gatos monteses necesitan zonas con buena tierra y abundante humedad para la presencia de presas que aseguren su supervivencia por lo que, al contrario de lo que suele aparecer en ciertas guías, los gatos monteses y los hombres están muchas veces más cerca de lo que pueda parecer.

Macho joven de gato montés en un prado recién segado.

Majadas, brañas y fondos de valle son lugares donde predominan los prados. No obstante es esencial que exista en sus proximidades un bosque, matorral o roquedo donde se refugie el felino ante amenazas o en las horas más calurosas. De hecho, a veces la superficie de prado es relativamente pequeña con respecto al bosque con lo que observar al animal al descubierto no es tan sencillo, sin embargo caminando por las proximidades encontraremos indicios de su presencia como huellas o excrementos y sabremos que utiliza ese lugar como cazadero.

Huella de gato montés en el barro.

En este momento los gatos escogen aquellos prados donde el invierno ha sido más severo. Es decir, aquellos donde la cantidad de nieve y la escasez de luz han asegurado una humedad suficiente para que la cantidad de hierba producida fuese elavada y al mismo tiempo la cantidad de roedores que se alimentan de la misma. No es extraño por tanto que los prados donde en invierno no se ve ningún rastro de fauna debido a la dureza de la nieve por ubicarse en la umbría o el "aviseu" sean buenas zonas de campeo de gatos y zorros tras la siega veraniega.

Macho de gato montés campeando en un prado recién segado y amarillento a mediados de verano.

Las hembras de gato montés capturan presas en los prados aledaños al refugio de sus cachorros y cuando la cacería es exitosa caminan con la presa en sus fauces hacia el lugar donde se esconden los pequeños gatos. En alguna ocasión se alimenta ella misma de la presa en el punto donde la ha capturado ya que necesita reponer energía puesto que el desgaste que sufren en este momento las hembras paridas es elevado. A continuación os muestro un video que recoge múltiples lances de caza efectuados por la especie en la Cordillera Cantábrica. Como dije en otras ocasiones, la rata topera (Arvicola scherman) es su principal presa en la montaña cantábrica y aporta la cantidad de energía suficiente para sobrevivir de forma holgada capturando varios ejemplares al día. En un primer momento el gato montés olfatea la topera para ver si hay rastros recientes de su presa o bien hace tiempo que no pasa por allí. En caso afirmativo comienza la espera ante el agujero o bien el acecho desplazándose hacia la fuente del más mínimo sonido. Cuando asoma la rata el gato salta sobre ella y la atrapa con sus fauces ocasionando la muerte del animal normalmente al partir la columna del roedor a la altura de las cervicales. Como se observa en el video el tamaño de los ejemplares de rata topera puede ser considerable y lleva un buen rato conseguir tragarlos enteros. Para disfrutar el video en condiciones pinchad en Vimeo y vedlo en HD marcando el icono correspondiente a pantalla completa.


Esta necesidad de aportar alimento de forma continua hace que podamos observar hembras de gato montés cazando al medio día en pleno verano cuando los termómetros rondan los 30º, algo que en principio podría parecer impensable. Los pequeños gatos van creciendo y se aventuran cada vez más a separarse de la guarida, acompañando incluso a sus madres en alguna cacería.

Hembra de gato montés campeando en un prado cantábrico a las 12 de la mañana. El aspecto desaliñado del ejemplar es típico en hembras durante la cria de sus cachorros.

Gran cantidad de prados presentan carreteras en zonas cercanas cuyo tráfico es mayor en el estío, por lo que el verano es una época en la que gran cantidad de animales mueren atropellados, entre ellos los gatos monteses. Por ello es necesaria la precaución y la calma en la conducción en este momento del año, por supuesto por nuestra seguridad pero también por la de posibles peatones cuadrúpedos inesperados. Desafortunadamente los atropellos siguen siendo una de las principales causas de mortalidad en la especie aunque obviamente los valores fluctúan en función de la zona estudiada.

Triste imagen tomada por Pascual Alcázar (c) en la que se ve una hembra de gato montés atropellada junto a sus cuatro cachorros en la Comunidad de Madrid.

Ya que he decidido tocar el tema, las amenazas que se ciernen sobre el gato montés son varias y de diferente importancia en la Cordillera Cantábrica. El tema estrella a la hora de hablar del gato montés es la hibridación. De hecho se baraja el mismo como una causa importante de declive de la especie y esto es cierto sin embargo en ciertas zonas no parece suponer un riesgo real. Lugares como Escocia con unos valores críticos en cuanto a población de gato montés, o algunas zonas del este de Europa si ven amenazada la existencia de sus gatos a causa de la presencia de gatos domésticos asilvestrados que se reproducen con los mismos. Por lo general los casos de hibridación en la mayoría de especies comienzan a ser un problema cuando existen pocos inidivudos de la especie silvestre. Esto sucede con salmones, lobos y por supuesto con gatos (aunque parecen ser pocos los casos de hibridación del felino en la Cordillera). Mientras existan suficientes individuos de machos y hembras de gato montés (con un sex ratio o relación en el número de individuos de cada sexo adecuada) los problemas de hibridación no serán tan importantes. La Cordillera Cantábrica cuenta con una de las poblaciones más abundantes de gato montés localizándose la mayor densidad según tengo entendido en la montaña Palentina, por lo que los problemas de hibridación son mínimos. Es cierto que existen gatos domésticos cuya área de campeo se solapa con la de ejemplares monteses. Sin embargo los encuentros con estos suelen ser violentos y no pasan de unos cuantos bufidos y arañazos. La transmisión de enfermedades por parte de gatos domésticos puede ser otro riesgo para la especie aunque no existe ningún estudio al respecto.

Macho joven de gato montés asomándose a un prado recién segado.

El mal llamado "Control de Predadores" es un problema para la especie sobre todo en la zona centro y sur de la Península donde la práctica totalidad del territorio se corresponde con fincas privadas de explotación cinegética o ganadera. Así pues cualquier animal que sea susceptible de ocasionar bajas en sus conejos, perdices, o crías de ungulados es algo que ha de erradicarse inmediatamente. Sobran los comentarios al respecto ya que no sería capaz de describir la ignorancia implícita en dicho "control". A pesar de que en el norte peninsular la gestión del territorio es diferente siguen siendo muchos los gatos que caen a manos de escopeteros tras un mal o buen día de caza y al contrario que ciertas especies animales estos abundan bastante por lo que las especies objetivo de su sed de sangre llevan las de perder a pesar de ser considerada como casi amenazada (NT) en el Libro Rojo para España y esté incluída en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas con la categoría de Interés Especial. Esto significa que al aparecer en dicho catálogo, esta especie es una especie protegida legalmente y por tanto su caza está prohibida. Al parecer todo esto da igual.
La destrucción del hábitat parecía ser un problema, entendiendo el mismo como deforestación principalmente, ya que el gato montés se consideraba como una especie eminentemente forestal a raíz de los estudios desarrollados en Escocia donde sí parece ocupar dicho ambiente de forma general. Sin embargo, en la Cordillera Cantábrica y de la misma forma que otros muchos medianos carnívoros, la especie selecciona paisajes en mosaico que alternen prados, roquedos, bosque y matorral y la homogeinización de los mismos puede ser un riesgo potencial para la especie.
Otro problema importante que comparte el gato montés con otras muchas especie es el desconocimiento. Las especies poco conocidas o estudiadas llevan las de perder por términos generales. Por supuesto y como ya comenté anteriormente los atropellos son una importante fuente de bajas en las poblaciones de gato montés.
Así pues son múltiples las amenazas de las que son objeto los gatos monteses, sin embargo no existen estudios profundos al respecto en la Cordillera. Afortunadamente la población de la especie parece evolucionar de forma favorable en dichas montañas.

Gato montés en un prado reverdecido por las lluvias de finales de verano.

De repente los días comienzan a acortarse, las heladas son relativamente frecuentes durante las noches y las lluvias y nieblas de los últimos días del verano hacen que los prados comiencen a reverdecer de nuevo. Se acerca el otoño, época que analizaremos en la siguiente y última entrada de la serie centrada en la vida del gato montés. Un saludo y gracias por visitar el blog.

3 comentarios:

Juan Villar Sordo dijo...

Precioso Héctor,
la pena es que se van acabando las estaciones y el listón en el blog está ya muy alto... jejeje
Me ha gustado mucho el vídeo y desde luego en HD mucho mejor.
La pena es ver la foto del atropello, es una verdadera pena y más viendo que tb. murieron los cachorros.

un saludo amigo!!

Javi dijo...

En la línea de la serie, o mejor :) Ya casi reconocemos a los diferentes protagonistas de la telenovela gatuna.

De paseo por la naturaleza dijo...

Enhorabuena. Es una gozada seguir estas entradas del gato montés. Un saludo.